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Donald Trump ha culminado el aniversario de Estados Unidos con una nueva apropiación de la celebración, deslucida por el mal tiempo. En un discurso similar al del día anterior en el monte Rushmore (Dakota del Sur), el presidente estadounidense se ha vuelto a presentar como el abanderado del "amanecer de la edad dorada de América" y ha dicho que estos 250 años de independencia son solo el principio, ahora desde la Explanada Nacional o National Mall de Washington DC. "Por nuestro país, por nuestros hijos y por la causa de la libertad, llevaremos nuestro país a nuevos niveles, a niveles nunca alcanzados. Haremos algo más grande, mejor, más fuerte, y lo amaremos todavía más", ha dicho.

La celebración se ha visto alterada por la combinación de fuertes tormentas eléctricas con una ola de calor muy intensa, que ha obligado a evacuar recintos, retrasar actos oficiales y suspender actividades como conciertos, que han deslucido la jornada. Concretamente, los asistentes al discurso de Trump han tenido que esperar durante horas bajo unas temperaturas infernales, hasta que han sido evacuados y, después, han tenido que volver a superar el estricto filtro de seguridad al reingreso. Los servicios de emergencia de la capital han tenido que atender a 51 personas por problemas relacionados con el calor, y doce han tenido que ser trasladadas al hospital. Sin embargo, el presidente no ha querido renunciar a su momento de gloria.

La propuesta más autoritaria

El magnate ha vuelto a repetir sus advertencias sobre la amenaza del comunismo, que él encarna en la oposición demócrata. "No queremos ser comunistas en nuestro país. Nunca ha funcionado", ha dicho, tildando esta ideología como un "cáncer" para "el imperio de la libertad". "A 250 años, tal vez somos la república constitucional más antigua del mundo, pero nuestro país apenas ha comenzado, porque lo mejor está por venir. Y las barras y las estrellas han acabado lanzando al olvido la hoz y el martillo. Lo hicieron en el pasado y lo volveremos a hacer si es necesario", ha añadido.

Con esta llamada contra el comunismo, ha aprovechado para impulsar su polémica reforma electoral, acusada de autoritaria porque endurecería los requisitos para registrarse y votar en los comicios federales. "Estados Unidos ha vuelto, y los queremos mantener grandes, y lo haremos aprobando la Ley SAVE America, que implica que todos los votantes, todos, absolutamente todos, tendrán que presentar una identificación y aportar algo llamado prueba de ciudadanía, y no habrá voto por correo", ha sentenciado.

Condiciones insalubres en Washington

Trump ha ensalzado la grandeza de EE. UU. y ha asegurado que nadie podrá emular jamás el poder de la nación norteamericana: "Durante 250 años, EE. UU. han sido la esperanza, la promesa, la luz y la gloria entre todas las naciones del mundo, en todo el planeta. Intentan ser como nosotros. Nadie puede ser como nosotros". También ha hilvanado relatos de heroísmo para reflejar los valores de patriotismo y libertad que conforman el espíritu estadounidense, a la vez que ha invitado a veteranos al escenario para saludar diversas banderas históricas —como Arthur Rose, de 107 años, que sobrevivió al desembarco de Normandía; o el capitán Ken Schubring, uno de los últimos supervivientes de Pearl Harbor. "Juntos reafirmamos también la verdad de que la fuerza y el poder de los EE. UU. no son motivo de vergüenza. Es algo de lo que nos sentimos muy, muy orgullosos", ha dicho. Entre las banderas saludadas se encuentra la del buque insignia de cuando la Armada de los EE. UU. hundió la flota española en la bahía de Manila, "una de las principales victorias navales de la historia", que ha equiparado con la "reciente victoria" contra la flota iraní. También ha apuntado que entregará una bandera del Capitolio para que los astronautas norteamericanos la planten en la Luna.

La jornada ha estado protagonizada por un gran espectáculo de fuegos artificiales, el más grande de este tipo en Washington. La idea de la Administración Trump era instaurar un récord, a pesar de provocar condiciones "insalubres" en la ciudad, según revelan documentos del Servicio de Parques Nacionales. Se han lanzado, nada más y nada menos, que 850.000 proyectiles, que han iluminado durante 40 minutos el cielo de la capital de EE. UU.