El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado esta semana la creación de una Junta de Paz, un organismo internacional con su firma que tiene como objetivo supervisar la tregua entre Israel y Hamás. Las declaraciones de Trump, durante su comparecencia en la Casa Blanca con motivo del regreso al poder, han puesto en evidencia sus críticas a la ONU, a la que acusó de no haber estado a la altura de las expectativas: “Podrían haber puesto fin a todas las guerras que yo resolví”, afirmó, al tiempo que reconocía que el organismo conserva un “gran potencial”.

¿Qué es la Junta de Paz de Trump?

La nueva Junta de Paz se plantea como un consejo con una composición muy seleccionada, encabezado por el propio Trump de manera indefinida y con miembros clave de su entorno como Jared Kushner, Marco Rubio, Steve Witkoff y Tony Blair. Además, el gobierno estadounidense ha enviado invitaciones a más de sesenta países, con el objetivo de incluir aliados históricos y otros con relaciones económicas o diplomáticas estrechas con Washington. Entre los que ya han confirmado su participación se encuentran naciones como Albania, Israel, Marruecos o Argentina. Otros, como Francia, Italia, Suecia y Noruega, han declinado sumarse, mientras que España, Rusia o China todavía estudian la conveniencia de entrar

El anuncio ha generado inquietud en la comunidad internacional, ya que la Junta, concebida inicialmente como instrumento de supervisión de la tregua en Gaza avalado por el Consejo de Seguridad de la ONU, ha evolucionado hacia un consejo con una agenda más amplia: promover estabilidad, reforzar la gobernanza y asegurar una paz duradera en zonas de conflicto o en riesgo. Esto, según analistas, podría erosionar el papel tradicional de la ONU e incrementar la centralidad de la diplomacia estadounidense en asuntos de seguridad global.

¿Cuánto vale formar parte de la Junta de Paz?

El coste para formar parte de este organismo es significativo: un millón de dólares por país, destinados según la Casa Blanca a la reconstrucción de Gaza, aunque de momento los planes concretos no se han hecho públicos. Algunos miembros que han aceptado la invitación ya han indicado que no aportarán estos fondos, lo que evidencia las tensiones económicas y políticas que rodean la iniciativa.

Trump ha dejado claro que presidiendo la Junta tendrá un papel indefinido, incluso más allá de su mandato actual, y que solo una votación unánime podría apartarlo del liderazgo del consejo. Al mismo tiempo, su intervención en Davos, donde ha expuesto públicamente este proyecto, se ha producido poco después de su insistencia en el interés por Groenlandia y los compromisos militares europeos, marcando una agenda diplomática muy personalizada y centrada en la estrategia estadounidense.

Por el momento, la Junta de Paz aún no tiene ningún representante palestino ni detalles públicos sobre el seguimiento de la tregua ni el tiempo de vigencia de su mandato, y ya ha generado debates sobre la legalidad y la legitimidad de un organismo que parece desplazarse más allá de las estructuras multilaterales establecidas. Analistas consultados recuerdan que esta iniciativa evidencia la voluntad de Trump de condicionar el orden internacional según sus intereses y su visión de liderazgo global, con un tono que mezcla gestión de conflictos y la búsqueda del prestigio personal.