Millones de personas han salido este lunes a las calles de Teherán para participar en la procesión fúnebre del ayatolá Ali Jamenei, muerto durante los bombardeos israelíes que marcaron el inicio de la actual guerra entre Israel e Irán el pasado mes de febrero. La movilización, considerada una de las más multitudinarias de las últimas décadas en el país, ha servido al régimen iraní para proyectar una imagen de unidad nacional en un momento de elevada tensión política y militar.
La comitiva ha recorrido la capital iraní desde la plaza de la Revolución hasta la plaza Azadi, después de que el líder supremo y varios miembros de su familia recibieran durante dos días el homenaje de los fieles en la Gran Mezquita Mosalla. Vestidos mayoritariamente de negro, los asistentes han llevado banderas de Irán, retratos de Khamenei y pancartas con el lema "Nos levantaremos". Las estaciones del metro han registrado una gran afluencia de pasajeros que intentaban incorporarse a la procesión.
Durante el recorrido se han oído consignas religiosas y de apoyo al líder asesinado, así como gritos reclamando venganza contra Israel y Estados Unidos. En la ceremonia celebrada el domingo, algunos asistentes también exhibieron mensajes dirigidos contra el presidente estadounidense, Donald Trump, a quien las autoridades iraníes responsabilizan, junto con Israel, de la escalada del conflicto.
La muerte de Khamenei, de 86 años, provocó un profundo impacto institucional en Irán. El ataque israelí tenía, según las autoridades iraníes, el objetivo de desestabilizar el país y favorecer un cambio de régimen. A pesar de las bajas acumuladas entre la alta cúpula política y militar, el funeral ha reunido a buena parte de los principales dirigentes del país.
Mojtaba Jamenei, el gran ausente
La única ausencia destacada ha sido la del nuevo líder supremo, Mojtaba Khamenei, hijo del difunto y designado sucesor. Fuentes oficiales aseguran que no ha participado en los actos públicos por motivos estrictamente de seguridad, a pesar de las especulaciones sobre un posible estado de salud delicado después de los ataques israelíes.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, ha elogiado el comportamiento de los asistentes y ha defendido que la respuesta ciudadana transmite un mensaje claro a la comunidad internacional. Según el mandatario, las imágenes de la multitud evidencian que la cohesión del país no es fruto de la imposición institucional, sino de un sentimiento compartido de duelo.
Pezeshkian también ha rechazado las declaraciones de Donald Trump, que había puesto en duda la espontaneidad de las muestras de dolor durante el funeral. El presidente iraní ha afirmado que "las lágrimas no se pueden ordenar" y ha sostenido que la movilización refleja el compromiso de la población con la continuidad del proyecto político iniciado por Khamenei.
Según las autoridades iraníes, más de 300 periodistas extranjeros han recibido autorización para cubrir los actos, una decisión poco habitual que busca reforzar la proyección internacional de esta demostración de fuerza. Mientras tanto, el conflicto entre Israel e Irán continúa marcando la agenda internacional, mientras crece la preocupación por una posible ampliación de la crisis a toda la región de Oriente Medio.
