Kramatorsk, uno de los principales bastiones de la defensa ucraniana en el Donbás, vive bajo una presión creciente. Las fuerzas rusas avanzan lentamente hacia la ciudad mientras intensifican los bombardeos sobre sus infraestructuras y dificultan cada vez más la movilidad por carretera. La situación, según testimonios recogidos por la CNN, ha empeorado notablemente durante las últimas semanas.
"Los ataques ocurren decenas de veces al día", explica Iryna Rybakova, oficial de prensa de la 93.ª Brigada Mecanizada ucraniana, desplegada en Kramatorsk, a la cadena norteamericana. Según su testimonio, edificios residenciales, instalaciones municipales, garajes y vehículos han sido afectados por los proyectiles y los drones rusos.
La ciudad todavía mantiene una cierta normalidad, pero cada vez es más difícil hablar de vida cotidiana. Rybakova explica que durante el día todavía hay personas en las calles, mientras que por la mañana y por la noche la población se refugia. Los drones son una amenaza constante y los soldados se mueven armados incluso cuando salen a comprar o tomar un café.
Kramatorsk es especialmente importante porque forma parte del llamado "cinturón de fortalezas" ucraniano, una línea defensiva formada por cuatro ciudades industriales: Sloviansk, Kramatorsk, Druzhkivka y Kost'antynivka. Esta franja es considerada esencial para proteger los territorios del Donbás que todavía están bajo control de Kyiv.
La pérdida que preocupa a Ucrania
La pérdida progresiva de este sistema defensivo preocupa a Ucrania. Kost'antynivka, al sur del cinturón, ha dejado prácticamente de funcionar como bastión militar ucraniano después de meses de combates. Ahora Rusia concentra sus esfuerzos en avanzar hacia el norte y acercarse a Sloviansk y Kramatorsk.
Según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), las tropas rusas avanzaron o se infiltraron en unos 124 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano durante agosto. Es una superficie muy inferior a la que Rusia había ocupado durante el mismo mes del año anterior, pero suficiente para mantener la presión sobre las defensas ucranianas.
Los analistas consideran poco probable una ruptura rápida del frente. La estrategia rusa se basa en un progreso gradual, con infiltraciones de pequeñas unidades y una presión continuada sobre las rutas logísticas y las posiciones defensivas. El objetivo es desgastar las defensas antes de intentar cualquier operación de mayor envergadura.
Los precedentes
El patrón ya se ha visto en otras ciudades. Bakhmut resistió nueve meses antes de caer y Pokrovsk casi dos años. En ambos casos, los combates dejaron buena parte de las ciudades destruidas y convirtieron las conquistas en victorias militares con un alto coste humano y material.
Mientras tanto, la vida civil también se complica. En las zonas de Donetsk todavía controladas por Ucrania viven cerca de 93.000 personas, entre ellas más de 4.800 menores. Las evacuaciones son cada vez más difíciles debido a las minas y a los drones.
En Dobropíllia y los pueblos de los alrededores, los equipos de emergencia ya no pueden llegar con vehículo. Según Hennadiy Yudin, agente de la unidad de evacuación White Angels, los militares tienen que sacar a algunos civiles a pie y recogerlos kilómetros más allá.
Kramatorsk intenta resistir
En Kramatorsk todavía no se ha impuesto el toque de queda, pero las autoridades se preparan para restringir más la movilidad. Rybakova explica que su propia antigua casa fue destruida en un bombardeo reciente.
La presión militar también coincide con la persistencia del conflicto diplomático. El presidente ruso, Vladímir Putin, mantiene sus objetivos territoriales en el Donbás y ha asegurado a los negociadores norteamericanos que sus fuerzas continúan avanzando.
Para los analistas, sin embargo, la cuestión inmediata es otra: Rusia está debilitando las defensas y la logística ucranianas alrededor de Kramatorsk y Sloviansk. El objetivo no sería necesariamente conquistar estas ciudades de manera inminente, sino preparar el terreno para una futura ofensiva.