Usain Bolt necesitó 9,58 segundos para convertirse en el hombre más rápido de la historia. Tiangong Ultra ha necesitado 9,39 segundos para hacerlo más rápido que cualquiera (humano o robot) en los 100 metros lisos. La comparación tiene trampa —el robot humanoide no compite bajo las reglas del atletismo convencional y su marca no es, evidentemente, ningún récord homologable por World Athletics—, pero la imagen resulta, cuanto menos, curiosa y reveladora: un robot humanoide ya puede recorrer 100 metros más deprisa que cualquier ser humano que lo haya hecho jamás. Tiangong Ultra no levantó los brazos para celebrarlo, no dio la vuelta de honor ni imitó la célebre celebración de Bolt. Ya han aprendido a correr más deprisa que nosotros; ahora todavía tienen que aprender a frenar. Acabó estampándose contra las protecciones de la meta, un gran colchón vertical al final de la pista. Lightning (rayo), su rival, que completó los 100 metros en 9,47 segundos, también cayó y se lo tuvieron que llevar estirado en una camilla. Una metáfora del estado actual de la robótica humanoide: las máquinas ya pueden superar a los humanos en algunas habilidades extraordinarias, pero todavía tienen problemas con cosas aparentemente mucho más sencillas. Esto es precisamente lo que China está intentando averiguar estos días en Pekín.
🇨🇳🤖 El robot chino Tiangong Ultra corre los 100 metros en 9,39 segundos en Pekín, superando la mítica marca humana de 9,58 segundos de Usain Bolt. pic.twitter.com/y51osjzwwc
— Alerta Mundial (@AlertaMundoNews) August 23, 2026
Pero este mundo evoluciona muy deprisa. Hace solo un año, los primeros Juegos de Pekín provocaron tantas sonrisas como admiración. Robots que caían, futbolistas mecánicos que chocaban entre ellos y corredores incapaces de mantener el equilibrio. Doce meses después, uno de ellos ha pasado de hacer los 100 metros en 21,50 segundos a 9,39. Es probablemente esta, más que la comparación con Bolt, la cifra que debería llamar la atención. Los robots todavía caen. Todavía se estampan contra una pared porque saben acelerar mejor que frenar. Todavía pueden tener más dificultades para doblar una sábana que para correr a velocidades sobrehumanas. Pero cada vez caen un poco menos y aprenden mucho más deprisa. Los Juegos de Pekín tienen toda la apariencia de un espectáculo excéntrico: humanoides haciendo kungfu, jugando a fútbol o saliendo de la pista en camilla. Pero China no está jugando. Está ensayando a los trabajadores del futuro.
Unos Juegos Olímpicos sin humanos
Desde este sábado y hasta el 26 de agosto, el National Speed Skating Oval de Pekín, conocido como la Cinta de Hielo y construido para los Juegos Olímpicos de invierno de 2022, acoge la segunda edición de los World Humanoid Robot Games (Juegos Mundiales de Robots Humanoides). Las dimensiones ya no son las de una feria tecnológica para especialistas. Participan 2.056 robots de 666 equipos procedentes de 16 países y seis continentes, que disputan 1.301 competiciones repartidas en 51 disciplinas. El año pasado solo había 280 equipos: en doce meses, la participación ha crecido un 138% y el número de robots se ha duplicado. Hay carreras de 100, 400 y 1.500 metros, relevos, fútbol, tenis de mesa, gimnasia, levantamiento de peso, tira y afloja, danza y artes marciales. Y los récords han empezado a caer.
The humanoid Olympics are back: 2,056 robots, five days of racing, fighting, football—and actual work. 🤖🏅
— RoboHub🤖 (@XRoboHub) August 23, 2026
The 2nd World Humanoid Robot Games just opened in Beijing: 666 teams from 16 countries, competing across 51 events. Last year had just 26.
The speed jump is already… https://t.co/72PndSU7oq pic.twitter.com/vNNiG7dcXq
Tiangong Ultra, desarrollado por el Beijing Humanoid Robot Innovation Center, que internacionalmente opera con la marca X-Humanoid, completó los 100 metros en 9,39 segundos, cuando en la primera edición de estos mismos Juegos, hace solo un año, necesitaba 21,50 segundos. Es decir, en doce meses los robots han recortado más de la mitad del tiempo. Antes de la competición, Lightning, desarrollado por Honor, una empresa tecnológica china conocida sobre todo por sus teléfonos inteligentes, tabletas y ordenadores, había ido aún más rápido: 9,32 segundos en un entrenamiento, con una velocidad punta de 14,5 metros por segundo, más de 52 km/h. Los ingenieros incluso le habían alargado las piernas diez centímetros para ampliar la zancada.
🤖⚡🇨🇳 Le robot humanoïde « Lightning » d’Honor aurait couru le 100 m en 9,32 secondes, soit plus vite que le record d’Usain Bolt (9,58 s). À vérifier toutefois avant de parler de nouveau record : les conditions d’un test robotique ne sont pas forcément comparables à une course… pic.twitter.com/274rm2W2kB
— KRONIK Insights (@KRONIKInsights) August 22, 2026
En los 400 metros, Tiangong también ha dejado una marca sorprendente: 39,70 segundos, frente a los 43,03 segundos del récord mundial masculino que Michael Johnson estableció en 1999 y que continúa vigente. De nuevo, las condiciones y las reglas no permiten considerarlo un récord atlético, pero la comparación explica la velocidad con la que avanza la tecnología. Y no solo corren. En salto de altura desde posición estática, otro humanoide ha llegado a los 2,88 metros. Es una prueba diferente del salto de altura atlético y, por lo tanto, no es comparable directamente con los 2,45 metros del récord humano, pero vuelve a servir para mostrar hasta dónde empiezan a llegar las capacidades mecánicas de estas máquinas.
“Chinese robots can fly!” — The Tiangong Ultra robot performs a standing jump, reaching an astonishing height. #ChinaTech pic.twitter.com/R8ulABjjEG
— China News 中国新闻网 (@Echinanews) August 22, 2026
Correr es fácil; hacer una cama, no tanto
Pero probablemente la competición más importante de los Juegos no ocurre en el estadio. De los 51 tipos de pruebas, 21 reproducen situaciones del mundo real. Y es aquí donde desaparece buena parte de la ciencia ficción. En un hotel, los robots deben transportar el equipaje hasta una habitación, reponer toallas, zapatillas y botellas de agua, retirar la ropa sucia y hacer la cama. En una biblioteca deben encontrar libros, devolverlos al estante correcto e identificar los que alguien ha dejado fuera de lugar. En otras pruebas deben abrir tapones, manipular pequeñas piezas, pesar sustancias o montar herramientas. Tareas banales para una persona que pueden ser diabólicamente complicadas para una máquina. Y también hay emergencias. Veintitrés equipos han participado en una simulación de incendio en la que los robots debían detectar riesgos, manipular equipamiento y actuar ante una situación imprevista. Solo tres lograron completar todas las tareas asignadas.
Este es, en realidad, el gran examen. Un robot puede ser extraordinariamente rápido porque sus ingenieros lo han optimizado para hacer una sola cosa: correr. Pero el reto que puede transformar la economía es conseguir una máquina capaz de ver un entorno desconocido, entender qué está pasando, decidir qué debe hacer y manipular objetos diferentes sin que una persona lo haya programado paso a paso. Esto es mucho más difícil.
Del espectáculo a la entrevista de trabajo
Por eso estos Juegos son algo más que una colección de vídeos virales de robots cayendo al suelo. Son una gigantesca entrevista de trabajo. La pregunta ya no es si un humanoide puede dar una patada, bailar o ganar a Bolt. La pregunta es si podrá entrar mañana en una fábrica, un almacén, un hospital, un hotel o, más adelante, una casa. La misma organización ha reforzado este año las pruebas de autonomía. En carreras como los 400 y los 1.500 metros o los relevos 4x100, por ejemplo, se ha eliminado la intervención humana durante la prueba: el robot debe tomar sus propias decisiones.
Y aquí aparece la diferencia fundamental entre automatismo e inteligencia. Hacer que una máquina repita mil veces un movimiento en una cadena de montaje hace décadas que es posible. Hacer que el mismo robot pueda cambiar de tarea, adaptarse a un objeto que no había visto nunca o reaccionar cuando algo sale mal es otra historia. Wang Xingxing, fundador de Unitree, una de las empresas chinas de robótica más conocidas del mundo, lo admite: el gran salto llegará cuando estos humanoides puedan recibir una orden verbal y ejecutar de manera fiable la mayoría de las tareas en entornos desconocidos. Calcula que este punto podría llegar en entre dos y diez años.
La nueva industria estratégica de China
Y aquí es donde los Juegos dejan definitivamente de ser deporte. China ha convertido los robots humanoides en una industria estratégica. Pekín quiere repetir una fórmula que ya le ha funcionado con los coches eléctricos, las baterías o los paneles solares: inversión pública, empresas privadas, universidades, producción a gran escala y una feroz competencia interna para reducir costes y acelerar la innovación. De los 666 equipos presentes en los Juegos, 641 son chinos. Participan 157 empresas y 200 universidades y centros de investigación del país.
Y el dinero ya ha empezado a correr casi tan rápido como los robots. Unitree debutó el miércoles en la Bolsa de Shanghái y sus acciones llegaron a dispararse un 629% durante la primera sesión. Finalmente, cerraron un 460% por encima del precio de salida, dejando la empresa valorada en aproximadamente 50.000 millones de dólares. Es una valoración extraordinaria para una industria que todavía reconoce que la mayoría de los humanoides no tienen un uso comercial masivo. Esta contradicción explica perfectamente el momento.
