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Natalie Harp es una de las presencias más constantes junto a Donald Trump. Tiene 35 años, ejerce de asistente ejecutiva del presidente de Estados Unidos y se ha hecho conocida con un sobrenombre que resume una de sus funciones más visibles: “La impresora humana”. Lo acompaña a menudo con una impresora portátil y le facilita en papel correos electrónicos, artículos, publicaciones en las redes sociales y otros documentos para que los pueda leer. Su trabajo, sin embargo, va más allá de imprimir papeles. Harp ayuda a Trump con sus publicaciones en las redes sociales e interviene en el flujo de información que llega al presidente. Con los años se ha convertido en una figura habitual en actos, desplazamientos oficiales, viajes al extranjero y fines de semana en Mar-a-Lago, la residencia de Trump en Florida.

Su proximidad con el magnate estadounidense la ha vuelto a situar en el centro de la atención después de que el senador demócrata Jon Ossoff la mencionara durante un mitin en Atlanta. Al criticar a Trump, Ossoff afirmó: “No quiere hacer el trabajo. Quiere construir su salón de baile y viajar con Natalie en su palacio volador aparentemente indefenso que le regaló el emir de Catar”. La referencia provocó una respuesta contundente del entorno presidencial. El director de comunicación de la Casa Blanca, Steven Cheung, acusó a Ossoff de “denigrar a personas trabajadoras que sirven a su país”, mientras que el portavoz Davis Ingle definió a Harp como “una de las colaboradoras más leales y trabajadoras del equipo del presidente Trump”.

El episodio ha vuelto a poner el foco sobre una asesora que, a pesar de su exposición constante junto al presidente, evita habitualmente el protagonismo público. Recientemente formó parte del reducido grupo que acompañó a Trump en el viaje de vuelta desde Turquía después de que el presidente fuera trasladado de manera secreta del Air Force One a otra aeronave ante una supuesta amenaza de un posible atentado de origen iraní. Otros altos cargos del equipo continuaron en el avión que actuó como señuelo.

De California al círculo de Trump

Harp nació en 1991 y creció en California en una familia profundamente religiosa. Ella y su hermano Preston fueron educados en casa por sus padres, en un entorno marcado por el cristianismo. Su madre dirigía la educación de los dos hijos con libros de texto cristianos. Preston Harp ha descrito a su madre como "extremadamente conservadora" y "profundamente religiosa". También ha explicado las diferencias entre los dos hermanos: mientras Natalie seguía las indicaciones familiares, él se rebeló contra aquel entorno escuchando rock, practicando skate y leyendo autores como Carl Sagan y Jack Kerouac.

Su padre, Robert Harp, había estudiado para ser pastor y posteriormente trabajó como profesor en la Biola University, una institución cristiana evangélica situada en La Mirada, California. Murió inesperadamente en su casa el 17 de julio de 2020, a los 61 años.

La trayectoria pública de Natalie Harp está estrechamente vinculada a una enfermedad que sufrió antes de entrar en política. Le diagnosticaron cáncer de hueso y explicó que había pasado por varios tratamientos. En 2019 atribuyó públicamente a una medida impulsada durante el primer mandato de Trump la posibilidad de acceder a un tratamiento que, según su relato, le había salvado la vida. Aquel testimonio atrajo la atención de Trump. Harp intervino posteriormente en la convención republicana de 2020 y, durante los dos años siguientes, trabajó como presentadora en One America News Network. En 2022 se incorporó finalmente al equipo de Trump.

Una asistenta con acceso directo al presidente

Desde entonces, su influencia ha crecido al mismo tiempo que lo ha hecho su proximidad con el mandatario. Harp trabaja directamente para Trump y esta relación ha generado tensiones internas porque puede saltarse los canales habituales de la Casa Blanca, incluidos el jefe de gabinete, el equipo de comunicación y los asesores de seguridad nacional.

Uno de los episodios que evidenció este acceso directo fue la publicación en la red social de Trump de un vídeo racista en que los Obama aparecían representados como simios. The Wall Street Journal informó que Harp había ordenado publicarlo siguiendo instrucciones del presidente. El vídeo fue eliminado posteriormente.

Su función también consiste en seleccionar e imprimir material para que Trump lo lea. Entre estos documentos hay informaciones publicadas por los medios, contenidos de redes sociales y, según se ha explicado, notas personales de la misma Harp con elogios al presidente. Algunos de estos escritos acaban con la fórmula: "Con todo mi corazón, Natalie". Su hermano Preston ha calificado públicamente de "poco saludable" la relación que su hermana mantiene con Trump.

Los periodistas Maggie Haberman y Jonathan Swan también abordan el papel de Harp en el libro Regime Change: Inside the Imperial Presidency of Donald Trump. Describen a un Trump convencido de que Harp es la única persona que lo ama tanto como su mujer y sus hijos, y que, a diferencia de otros miembros de su equipo que algún día se marcharán para ganar dinero, ella no lo abandonará.

Harp, que evita habitualmente hablar en público, ha ido acumulando así una posición singular dentro del entorno presidencial. La mujer que entró en la órbita de Trump después de agradecerle públicamente el tratamiento de su enfermedad es hoy una de las personas que más tiempo pasa a su lado, encargada de facilitarle información, asistirlo en su comunicación y acompañarlo en algunos de los momentos más sensibles de su agenda.