Durante años, Mykhailo Fedorov formó parte del entorno de confianza de Volodímir Zelenski. Ahora, el exministro de Defensa se ha convertido en una de las voces más incómodas para el presidente ucraniano. Su salida del gobierno, el pasado julio, no solo puso fin a una carrera ministerial de seis meses: también abrió una ruptura política que ha ido a más en un momento especialmente delicado para Ucrania.
Fedorov tiene 35 años y representa una generación de dirigentes que llegó al poder con la promesa de modernizar el Estado. Antes de asumir Defensa, había sido responsable de transformación digital y había ganado notoriedad por sus proyectos para digitalizar la administración ucraniana. Su perfil tecnológico y reformista lo convirtió en una de las caras más visibles de la renovación impulsada por Zelenski.
Cuando llegó al Ministerio de Defensa, en enero, lo hizo con el encargo de modernizar una estructura sometida a una enorme presión por la guerra y marcada por los escándalos de corrupción. Pero su etapa en el cargo fue breve. Su destitución provocó protestas en Kyiv y, con el paso de las semanas, Fedorov ha pasado de ser un miembro del gobierno a cuestionar públicamente al mismo presidente que lo nombró.
De ministro de confianza a voz crítica
El punto de inflexión llegó esta semana, cuando Fedorov publicó un vídeo de nueve minutos en el que reclamaba recuperar el proceso electoral incluso en tiempos de guerra. "La democracia no puede ser rehén de Rusia", afirmó, antes de defender la búsqueda de un mecanismo "legal, seguro y realista" para celebrar elecciones.
Pero su discurso va mucho más allá de las urnas. El exministro acusa a la administración de Zelenski de sufrir una "crisis sistémica de gobernanza" y asegura que los problemas de corrupción tienen consecuencias directas sobre la capacidad militar del país. En su opinión, el dinero que desaparece o las decisiones que se bloquean pueden acabar traduciéndose en menos munición, menos drones o menos tecnología disponible para el ejército.
La crítica tiene especial fuerza porque proviene de alguien que conoce el funcionamiento interno del gobierno. Orysia Lutsevych, responsable del programa sobre Rusia y Eurasia de Chatham House, ha coincidido en buena parte con el diagnóstico de Fedorov y ha señalado que el sistema sigue dando demasiado peso a la lealtad personal y a los intereses particulares.
Zelenski, presionado por todos los frentes
La ruptura llega en uno de los momentos más complicados para Zelenski desde el inicio de la invasión rusa a gran escala. A la presión política se añade la militar. Ucrania necesita reforzar urgentemente su defensa aérea y sufre una escasez de misiles interceptores para los sistemas Patriot, una de sus principales herramientas para proteger las ciudades de los ataques rusos.
El problema no es solo la cantidad de sistemas disponibles, sino también la capacidad de mantenerlos operativos. Zelenski ha reclamado reiteradamente más interceptores a sus aliados mientras Rusia intensifica los ataques con misiles y drones. La situación pone de manifiesto hasta qué punto la defensa ucraniana continúa dependiendo del apoyo occidental.
Al mismo tiempo, los escándalos de corrupción vuelven a erosionar la credibilidad presidencial. Esta semana, Zelenski ha destituido a Iryna Mudra, subjefa de la Oficina Presidencial, después de una operación de la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania. El organismo investiga presuntas operaciones de blanqueo que implicarían a personas vinculadas a las estructuras de poder. Las acusaciones todavía son objeto de investigación y no implican una condena.
Es en esta grieta donde Fedorov ha encontrado su espacio político. Su argumento es que la corrupción deja de ser un problema administrativo cuando el país está en guerra: cada recurso mal gestionado puede tener consecuencias en el frente.
El debate sobre las elecciones
La propuesta de Fedorov, sin embargo, choca con un obstáculo jurídico importante. En Ucrania no se pueden celebrar elecciones mientras la ley marcial continúe vigente, y esta se mantiene activa desde el inicio de la invasión rusa. El gobierno y buena parte de los expertos también consideran que organizar unas elecciones en plena guerra sería extraordinariamente complejo: hay millones de desplazados, soldados en el frente y territorios ocupados por Rusia.
Esto no impide que el debate empiece a ganar fuerza. El mandato de Zelenski habría terminado formalmente en 2024, pero la guerra ha impedido celebrar unas elecciones presidenciales. El presidente continúa ejerciendo el cargo de acuerdo con el marco excepcional vigente.
Fedorov no ha anunciado que quiera presentarse a unas eventuales elecciones y sería prematuro convertirlo ya en un candidato presidencial. Pero políticamente ha hecho un movimiento importante: ha dejado de ser un antiguo ministro descontento para convertirse en una voz que cuestiona directamente la manera como Zelenski gobierna el país.
Su evolución es especialmente significativa porque no proviene de la oposición tradicional. Fedorov formó parte del proyecto de Zelenski y defendió sus reformas. Ahora utiliza este conocimiento interno para denunciar aquello que considera los defectos de un sistema que, según él, prioriza demasiado la lealtad y demasiado poco la eficacia.
Por ello, más que un rival electoral —al menos de momento—, Fedorov es una advertencia para Zelenski. En una Ucrania exhausta por la guerra, con las defensas sometidas a una presión creciente, problemas de corrupción y una dependencia enorme de los aliados occidentales, el presidente afronta una batalla que ya no se libra solo contra Rusia. También deberá demostrar que sigue teniendo autoridad política dentro de su propio país.
