El candidato proruso y euroescéptico Rumen Radev se ha impuesto en las elecciones legislativas de Bulgaria con una holgada victoria, según indican los sondeos a pie de urna, que lo dan como claro ganador con una diferencia de 20 puntos sobre el segundo. Su formación, Bulgaria Progresista —creada después de su dimisión como jefe de Estado en enero—, habría conseguido entre el 37,5% y el 39,2% de los votos, según las estimaciones de las empresas demoscópicas Alpha Research y Trend. Ahora bien, el resultado obliga a Radev a buscar alianzas para poder formar gobierno en un escenario político fragmentado, ya que hasta seis partidos entrarían en el parlamento.

Antiguo general del ejército, Radev ha sabido capitalizar el malestar de una parte importante del electorado con un discurso centrado en la lucha contra la corrupción y el impacto de la inflación en la economía más pobre de la Unión Europea. El país ha vivido una gran inestabilidad política en los últimos años, con hasta siete primeros ministros en cinco años, un contexto que ha alimentado el voto de protesta. “Esperábamos ganar, era lo normal y natural. Teníamos grandes esperanzas y grandes expectativas, y por eso la responsabilidad es grande”, ha afirmado Radev después de conocer los primeros resultados.

En segunda posición, y a una distancia considerable, se ha situado el partido conservador Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB), liderado por Boiko Borissov, con cerca del 16% de los votos. El exprimer ministro, figura central de la política búlgara durante más de una década, había intentado reivindicarse como garante de la orientación europea del país. Sin embargo, para sus detractores continúa siendo el símbolo de un sistema marcado por la corrupción y el clientelismo, factores que han erosionado su apoyo. A pesar de haber sido el partido dominante en los últimos quince años, GERB ha quedado lejos de disputarle la victoria a Radev.

Borissov reunido con Ursula von der Leyen / Partido Popular Europeo

En cuanto al resto de fuerzas, el mapa político se dibuja con una notable fragmentación. Muy cerca de Boríssov aparece la coalición europeísta y liberal Continuamos el Cambio-Bulgaria Democrática (PP-DB), que obtendría alrededor del 14,3% de los votos. Por detrás, la formación DPS-Nuevo Comienzo, encabezada por un empresario sancionado por Estados Unidos y el Reino Unido por corrupción, llegaría a cerca del 8,4%. También conseguiría representación parlamentaria el partido ultranacionalista y proruso Resurrección, con cerca del 5%, así como el Partido Socialista (BSP) búlgaro, heredero de la antigua formación comunista, que cerraría el arco parlamentario con aproximadamente el 4,2% de los sufragios.

La aritmética electoral

Si se confirman las previsiones más altas, con cerca del 39% de los votos, Radev podría obtener alrededor de 111 diputados de los 240 del parlamento, una cifra insuficiente para gobernar en solitario, pero que lo acerca a la mayoría si suma aliados. En este escenario, el BSP, con una decena larga de escaños, se perfila como socio clave. “Estamos preparados para diferentes opciones que garanticen un gobierno estable y regular. Haremos todo lo posible para evitar unas nuevas elecciones”, ha asegurado el líder de Bulgaria Progresista. Varios analistas apuntan que podría optar por un gobierno en minoría con apoyos puntuales de los socialistas, con quienes comparte posicionamientos más cercanos a Moscú, una visión crítica con Ucrania y coincidencias en materia social. De hecho, la candidatura de Radev ya contó con el apoyo de BSP en 2016.