Gloria Steinem pasó buena parte de su vida haciendo preguntas que incomodaban. ¿Por qué las mujeres tenían que cobrar menos? ¿Por qué decidir sobre el propio cuerpo tenía que depender de otros? ¿Y por qué tantas desigualdades se consideraban normales? La periodista y activista estadounidense, una de las grandes caras del feminismo del siglo XX, ha muerto este miércoles, 2 de septiembre, a los 92 años, en su casa en Nueva York y rodeada de los suyos, según ha informado su cuenta oficial de Instagram.
Steinem no se limitó a explicar el movimiento feminista: ayudó a construirlo. Periodista de profesión y activista por convicción, se convirtió durante las décadas de los sesenta y setenta en una de las voces más reconocibles de la segunda ola feminista en Estados Unidos. Su discurso combinaba la reivindicación de los derechos de las mujeres con una crítica directa a las estructuras de poder que mantenían las desigualdades.
El trabajo de Steinem
Una de sus investigaciones más recordadas llegó en 1963. Steinem se infiltró como camarera en el Playboy Club de Nueva York para comprobar en primera persona las condiciones en que trabajaban las llamadas "conejitas". El reportaje que de ello salió, publicado en la revista Show, expuso la cara menos glamurosa de un negocio que convertía a las mujeres en parte del espectáculo.
Aquella manera de entender el periodismo la acompañó durante toda la carrera. Steinem acabó convirtiéndose también en el objetivo de las críticas y las caricaturas de una prensa que a menudo ridiculizaba a las feministas. Pero su notoriedad solo creció.
Referente del mundo feminista
En 1972 cofundó Ms., una revista que dio espacio a cuestiones que durante años habían quedado fuera de las páginas de los grandes medios: la violencia contra las mujeres, la discriminación laboral, la sexualidad, la maternidad o los derechos reproductivos. La publicación se convirtió en una de las referencias del movimiento feminista estadounidense.
El derecho al aborto fue otra de las grandes batallas de Steinem. Su defensa no era solo política: ella misma había interrumpido un embarazo cuando era joven. Con el tiempo, convirtió los derechos reproductivos en una de sus principales causas y defendió que ninguna mujer debía perder la capacidad de decidir sobre su propio cuerpo.
Movilizaciones contra Trump
Y Steinem no dejó esta batalla en el pasado. En 2016 apoyó a Hillary Clinton en las elecciones presidenciales y se opuso frontalmente a Donald Trump. Al día siguiente de su investidura, participó en la multitudinaria Women's March de Washington, una de las grandes movilizaciones contra el nuevo presidente. También denunció las políticas de su administración en materia de derechos reproductivos e igualdad.
Así, su trayectoria acabó uniendo dos Américas muy diferentes: la de los años sesenta, cuando el feminismo todavía luchaba por hacerse escuchar, y la del siglo XXI, cuando los derechos conquistados volvían a estar en el centro de la batalla política.
Steinem fue periodista, activista, escritora y símbolo. Pero, sobre todo, fue una presencia incómoda para quien prefería que determinadas preguntas no se hicieran. Durante más de medio siglo insistió en que la igualdad no era una concesión, sino un derecho. Su muerte deja atrás una de las voces que más contribuyeron a convertir el feminismo en una causa política de dimensión mundial.