"He firmado muchos documentos, pero después de poner mi firma en este, pasaron muchas cosas". Halil Ibrahim habla con El Nacional para denunciar la purga de Erdogan de miles de profesores universitarios. Su puesto de trabajo estaba en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Estambul, disfrutaba de una buena posición laboral e impartía varias asignaturas y coordinaba algunos departamentos.

Halil turquia academics 1 Halil Ibrahim

Sin embargo, la masacre llega a todo el mundo. Al igual que miles como él, Halil también firmó el famoso manifiesto 'No formaremos parte de este crimen', impulsado por Académicos por la Paz. El colectivo académico, de forma poco organizada, pidió el restablecimiento de las negociaciones de paz con el Kurdistán turco mediante una recogida de firmas. Según destaca el joven profesor, "Erdogan empezó a atacar a los académicos por haber hecho aquella petición. Nos empezó a insultar y pensé que nuestro tiempo se había acabado".

De la manera más inverosímil, el presidente turco relacionó un ataque del Daesh con el colectivo y los acusó de terroristas. Según Erdogan, existen nexos entre el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) y el Estado Islámico. De esta manera, y bajo el estado de emergencia prorrogado desde julio de 2016, con el pretexto del golpe de Estado, Erdogan está purgando a todo aquel que no se posicione en su favor. Con todo, la limpieza de cualquiera que no piense como él empezó antes del golpe de Estado de julio de 2016.

"He tenido mucha suerte"

Contra todo pronóstico, Halil se considera afortunado por haber sido uno de los primeros académicos en ser despedido de su trabajo. Según explica, recibió un mensaje en Facebook de un amigo solicitando su firma en el documento. Días después de haberlo hecho, Erdogan empezó a atacar a los profesores y él mismo recibió la llamada del secretario general de la universidad: "me interrogó y me pidió que le presentara por escrito una explicación de los motivos por haber firmado. El 15 de enero fui suspendido y 4 días después me despidieron".

"Soy una de los que ha tenido más suerte porque fui golpeado muy pronto, por eso no he tenido complicaciones y abandoné el país lo bastante temprano. Por el hecho de haber sido de los primeros, pude encontrar trabajo más fácilmente. Evidentemente, todas las personas que he dejado atrás no tuvieron tanta suerte. Muchos de mis amigos no se pueden marchar del país ni encontrar trabajo. Es una situación desesperada."

A partir de entonces, se unió al colectivo que impulsó la petición de paz y empezó a dar conferencias por todo el país, a pesar del peligro. Más tarde, fue invitado a hacerlo en los Estados Unidos: "En abril estuve en varias universidades, como las de Carolina, Harvard, Florida y Virginia". En la última se pudo quedar para finalizar el doctorado y poco después se disponía a volver.

"En julio tenía que ir a Turquía, pero hubo el golpe de Estado y mi vuelo fue cancelado. Dos meses después preferí ir a Alemania". Gracias a estos hechos, Halil decidió no entrar en el país que podría haber significado su propia prisión.

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Sin nacionalidad

La citada prisión al aire libre no es otra que la propia Turquía. La purga de Erdogan va más allá de perder el trabajo: también puedes perder la libertad. Muchos académicos han sido trasladados de las aulas a los calabozos, otros han perdido el pasaporte y ni siquiera pueden encontrar trabajo fuera del país. Sin pasaporte ni trabajo, viven de la limosna. Su nombre figura en el listado de 'persona non grata' y nadie se moja para contratar a una persona señalada por un gobierno que se halla en la deriva más autoritarista de los últimos años. Halil, por su parte, no sabe si le han retirado el pasaporte, ya que está exiliado. Según destaca, no puede ni comprobarlo.

"Si pido a un amigo policía que lo mire, la misma policía y la inteligencia es informada e investiga por qué lo has hecho. No lo puedes ni mirar. No lo sabes hasta que no intentas abandonar el país y te retiran el pasaporte. Este es tu final. No puedes ni tener un trabajo con ONG internacionales. El sufrimiento y la tragedia son enormes."

Bajo las condiciones del estado de emergencia, el Gobierno publica cada mes el boletín general del Estado aprobado por el consejo de ministros. Este documento les sirve de guía a los ciudadanos para saber su situación laboral: si aparece su nombre, ya no trabajan más. Halil no esperó para verse en el BOE turco y decidió buscar su lugar a miles de kilómetros, para no formar parte de los millares de compañeros purgados.

"Mi pasaporte, hasta donde yo sé, no está cancelado. Pero es en el momento en que sales cuando lo sabes. Este es el gran riesgo. El otro riesgo son los decretos de Erdogan para eliminar a según quién del servicio público de por vida. Yo no he sido incluido, pero si me pasa sería el final de mi vida civil."

La purga académica no está solo dirigida a los firmantes de un documento que tan solo pide la paz. Miles de profesores han recibido la noticia de su despido por motivos diversos y, sobre todo, por pertenecer a grupos que no piensan como el presidente Erdogan. De hecho, muchos de los académicos que hoy han caído en desgracia son miembros de sindicatos de izquierdas, grupos opositores que el AKP quiere eliminar del mapa, o se declaran seguidores del segundo partido más votado del país y principal opositor, el HDP.

Halil destaca que no tiene miedo, aunque admite que está "preocupado" y siente mucha "frustración". "No merecemos este nivel de mal gobierno", destaca.

De la apertura inicial de Erdogan llamando a las puertas de Europa al autoritarismo presente hay poco tiempo de diferencia. Halil teme por las futuras generaciones, las mismas que tenían que convertir su Turquía en un país abierto al mundo, un país que hoy en día cierra las puertas y encarcela su propio talento.

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