Estados Unidos no prevé ningún alivio económico para Rusia mientras la guerra contra Ucrania continúe. Así lo trasladó el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, al ministro ruso de Finanzas, Anton Siluánov, durante una reunión bilateral celebrada al margen del encuentro de los responsables de Finanzas del G20 en Asheville, en Carolina del Norte.
El encuentro tuvo lugar en un contexto especialmente tenso por la presencia de la delegación rusa en el G20. Siluánov asistió presencialmente por primera vez desde la invasión de Ucrania, en febrero de 2022, un regreso que ha generado malestar entre varios dirigentes europeos mientras los gobiernos occidentales preparan nuevas medidas para aumentar la presión económica sobre Moscú.
Según una fuente conocedora de la reunión citada por Reuters, Bessent dejó claro a su homólogo ruso que no había posibilidad de llegar a ningún tipo de acuerdo mientras la guerra no terminara. El mensaje refuerza la posición de Washington de mantener la presión financiera sobre el Kremlin y vincular cualquier posible cambio de política económica al final del conflicto.
La reunión entre Bessent y Siluánov también evidencia las dificultades de Rusia para recuperar una presencia normalizada en los principales foros económicos internacionales. A pesar de continuar formando parte del G20, la participación rusa desde el inicio de la invasión ha estado marcada por la tensión con los países occidentales y por los esfuerzos para limitar la capacidad de Moscú de financiar el esfuerzo bélico.
Londres endurece el cerco financiero
En paralelo, el Reino Unido ha anunciado nuevas medidas contra las redes financieras que considera vinculadas a la economía de guerra rusa. El gobierno británico ha decidido duplicar las sanciones económicas por el incumplimiento de las restricciones impuestas a Moscú.
Las multas pasarán del 50% al 100% del valor de la operación relacionada con una vulneración de las sanciones, según ha anunciado el ministro británico de Finanzas, John Healey. La medida busca aumentar el coste para las empresas e individuos que faciliten operaciones destinadas a esquivar las restricciones occidentales. La Agencia Nacional contra el Crimen británica también ha emitido una alerta a escala nacional sobre la red A7, que Londres considera una estructura sostenida por el Kremlin y utilizada para canalizar fondos y eludir las sanciones internacionales.
El endurecimiento británico llega mientras los países europeos trabajan en nuevas sanciones contra Rusia e intentan dificultar el acceso de Moscú a los circuitos financieros internacionales. El foco se pone cada vez más en las llamadas redes financieras en la sombra, estructuras e intermediarios que permiten mantener transacciones con Rusia a pesar de las restricciones occidentales.
El mensaje de Washington y las nuevas medidas británicas coinciden, así, con el regreso de representantes rusos a uno de los principales foros económicos mundiales. Lejos de significar una normalización de las relaciones, la presencia de Moscú en el G20 se produce bajo una presión renovada para que ponga fin a la guerra antes de esperar cualquier relajación de las medidas económicas.
