El ejército de Israel afronta una crisis creciente de personal en un momento de máxima tensión militar, con frentes abiertos en Gaza, el Líbano, Siria y el conflicto con Irán. El jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ha advertido al gobierno que la situación puede derivar en un colapso interno si no se actúa con urgencia. “A este paso y si no hay solución, las Fuerzas Armadas colapsarán desde dentro. Ante vosotros, aquí, levanto 10 banderas rojas. El Tsáhal necesita ahora una ley de reclutamiento, una ley de reservistas y una ley de ampliación del servicio obligatorio”, alertó Zamir en una reunión del gabinete de seguridad.
El modelo tradicional del ejército israelí, basado en tecnología avanzada, inteligencia y una fuerte dependencia de reservistas, ha quedado tensionado después de los ataques del 7 de octubre de 2023 y la escalada militar posterior. Desde entonces, miles de reservistas han sido movilizados repetidamente, con un impacto creciente en su vida personal y laboral. Actualmente, cerca de 127.000 reservistas se encuentran en servicio, pero el desgaste es evidente. El portavoz militar Effie Defrin ha reconocido que faltan “unos 15.000 soldados, de los cuales entre 7.000 y 8.000 combatientes”.
Muchos frentes abiertos
Esta falta de personal coincide con una ampliación de las misiones militares. El ejército controla más de la mitad de la Franja de Gaza, mantiene presencia en Cisjordania y ha desplegado fuerzas en el sur del Líbano, donde participa en operaciones terrestres. “En el frente libanés, la zona defensiva avanzada que estamos creando requiere fuerzas adicionales”, señaló Defrin. La presión también crece en Cisjordania, donde el aumento de la violencia y la expansión de asentamientos obliga a reforzar la presencia militar. Según el general Avi Bluth, “esta es su política, pero requiere seguridad y un paquete completo de protección, porque la realidad sobre el terreno ha cambiado completamente, y eso exige personal”
Ante esta situación, Zamir reclama medidas inmediatas, como ampliar el servicio obligatorio hasta los 36 meses e incrementar el reclutamiento, especialmente entre la población ultraortodoxa, tradicionalmente exenta. Por otro lado, el líder de la oposición, Yair Lapid, ha advertido de “un nuevo desastre en seguridad” y ha criticado la gestión del gobierno: “una guerra en múltiples frentes sin estrategia, sin recursos suficientes y con demasiado pocos soldados”. También ha alertado que “no podrán decir que no lo sabían”. Además, el ex primer ministro Naftali Bennett ha asegurado que “a las FDI les faltan 20.000 soldados” y ha defendido que la incorporación parcial de jóvenes ultraortodoxos podría aliviar la situación.
Con una población de solo 10 millones de habitantes y sectores importantes exentos del servicio militar, Israel afronta ahora un reto estructural que pone en cuestión su capacidad operativa en un contexto de guerra prolongada y múltiples frentes abiertos.
