Israel y el Líbano han reanudado el diálogo directo por primera vez en más de tres décadas en un intento de detener la escalada de violencia vinculada al conflicto con Hezbolá. Las conversaciones, celebradas en Washington con la mediación de Estados Unidos, marcan un momento poco habitual en la relación entre dos países que no mantienen vínculos diplomáticos formales.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, definió el encuentro como una “oportunidad histórica” para reducir la influencia de Hezbolá, el grupo armado apoyado por Irán que opera en el sur del Líbano. Según fuentes estadounidenses, ambas partes han acordado iniciar negociaciones directas, aunque todavía no se ha concretado ni la fecha ni el lugar de las próximas reuniones.
Israel ha reiterado que su objetivo es desarmar a todos los grupos armados no estatales, en clara referencia a Hezbolá. Por su parte, el Líbano ha puesto sobre la mesa la necesidad urgente de un alto el fuego y de medidas concretas para hacer frente a la grave crisis humanitaria que atraviesa el país.
Acercamiento diplomático histórico
Este acercamiento diplomático se produce en un contexto de violencia sostenida. Desde el inicio de las operaciones militares israelíes en Líbano el pasado 2 de marzo, más de 2.000 personas han muerto, en una escalada que comenzó pocos días después de los ataques de Estados Unidos e Israel contra objetivos en Irán.
A pesar del encuentro diplomático, los combates no se han detenido. Mientras las delegaciones se reunían en Washington, Hezbolá reivindicó al menos 24 ataques contra Israel y contra tropas israelíes desplegadas en el sur del Líbano. Al mismo tiempo, varias comunidades del norte de Israel activaron alarmas por drones y cohetes durante buena parte de la jornada.
Las autoridades israelíes insisten en que sus operaciones tienen como objetivo desmantelar la capacidad militar de Hezbolá, con quien ya se enfrentaron en episodios recientes de conflicto en 2023 y 2024, en paralelo a la guerra en Gaza.
Después de la reunión, el Departamento de Estado de Estados Unidos señaló que tanto Israel como el Líbano se han comprometido a trabajar para reducir la influencia de Hezbolá. Washington también reiteró su apoyo al derecho de Israel a defenderse ante los ataques del grupo.
Capacidad limitada para imponerse a Hezbolá
Desde el lado libanés, el presidente Joseph Aoun expresó la esperanza de que estas conversaciones puedan marcar “el inicio del fin del sufrimiento” del país, especialmente en el sur, una de las zonas más castigadas por los combates. Aoun defendió que la seguridad debería recaer exclusivamente en las fuerzas armadas libanesas, a pesar de que la capacidad del gobierno para imponerse sobre Hezbolá es limitada.
De hecho, el grupo chií ya ha mostrado reticencias a cualquier acuerdo. Un alto cargo de su estructura política advirtió que no se sienten vinculados por las decisiones que se puedan tomar en estas negociaciones. Hezbollah, fundado en 1982, mantiene una fuerte presencia militar y política en el Líbano, especialmente en el sur del país y en los suburbios de Beirut, y forma parte del mismo gobierno con representación institucional.
En paralelo, las conversaciones entre Estados Unidos e Irán también continúan en otros escenarios, con Teherán presionando para que Líbano sea incluido en cualquier acuerdo de alto el fuego regional. Tanto Washington como Israel, sin embargo, han rechazado esta posibilidad.
Con más de un millón de personas desplazadas y una crisis humanitaria creciente, el conflicto continúa teniendo un fuerte impacto sobre la población civil. En este contexto, la reanudación del diálogo abre una brecha diplomática, pero el mantenimiento de los combates pone en duda su capacidad real para frenar la violencia a corto plazo.
