Las protestas que han estallado los últimos días en diversos puntos de Irán han añadido presión a un gobierno debilitado por una crisis económica persistente. Pero, por encima del malestar interno, planea ahora una amenaza que viene de lejos: la operación militar de Estados Unidos en Venezuela, con la captura del presidente Nicolás Maduro, ha encendido todas las alarmas en Teherán mientras el régimen de los ayatolás, que lidera Alí Jamenei, intensifica la represión contra los manifestantes .

Irán se despertó el fin de semana con las imágenes de fuerzas estadounidenses entrando de noche en Caracas y deteniendo a su aliado latinoamericano en una operación fulminante. Un mensaje directo, sin matices, que el presidente Donald Trump ha reforzado con una nueva advertencia: si las autoridades iraníes matan manifestantes, Estados Unidos responderá.

Amenazas explícitas

“Si empiezan a matar gente como han hecho en el pasado, recibirán un golpe muy duro”, dijo Trump a bordo del Air Force One. Es la segunda amenaza explícita en menos de una semana, en un contexto en el que Irán todavía arrastra las consecuencias de los ataques contra instalaciones nucleares el verano pasado.

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El jefe del ejército iraní, el general Amir Hatami, durante un acto con cadetes militares en Teherán, este martes. Hatami ha advertido que cualquier “error” de los adversarios recibirá una respuesta más contundente que en conflictos anteriores / EFE

Las protestas comenzaron hace una semana, cuando comerciantes indignados por el hundimiento de la moneda salieron a la calle. Inicialmente locales y pacíficas, las movilizaciones se extendieron rápidamente: según la organización Human Rights Activists News Agency (HRANA), se han registrado disturbios en 88 ciudades de 27 de las 31 provincias del país. Las fuerzas de seguridad, incluido el cuerpo paramilitar Basij, han actuado con dureza.

Irán: represión y miedo

Tras nueve días de protestas, al menos 29 personas han muerto y cerca de 1.200 han sido detenidas. Las fuerzas de seguridad han llegado incluso a entrar en hospitales para arrestar a manifestantes heridos, una práctica habitual del régimen en episodios de agitación social.

La presión externa no ayuda. El apoyo explícito del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a los manifestantes ha alimentado la paranoia del régimen, que acusa a los protestantes de ser “agentes extranjeros”. El líder supremo, Ali Jamenei, ha distinguido entre protesta y “alboroto” y ha advertido que los segundos “deben ser puestos en su lugar”.

Según el analista Vali Nasr, de la Universidad Johns Hopkins en palabras a la CNN, Teherán interpreta ahora las intenciones estadounidenses como “maximalistas y hostiles”. En Chatham House, Sanam Vakil habla de una “triple crisis”: económica, política y ahora también militar, con la amenaza de un nuevo conflicto con Estados Unidos o Israel.

¿La nueva Venezuela?

Las comparaciones con Venezuela son inevitables. Ambos regímenes han sido aliados estrechos, unidos por sanciones, petróleo y una retórica antiimperialista compartida. Pero Irán también es diferente: más armado, más preparado y profundamente reticente a cualquier intervención extranjera.

“El caso venezolano será observado con lupa”, advierte Vakil. La caída de un líder no garantiza un cambio de sistema. En Teherán, sin embargo, el mensaje de Trump ya ha surtido efecto: la confrontación vuelve a parecer inevitable.