Después de 36 días de guerra y con el estrecho de Ormuz prácticamente cerrado, la guerra en Oriente Medio ya proyecta un impacto sostenido sobre la economía global. El enclave, vital para el tránsito energético mundial, se ha convertido en una pieza central de la respuesta de Teherán a los ataques. Esta semana, la Comisión de Seguridad Nacional del parlamento iraní ha dado luz verde a un proyecto de ley que prevé imponer peajes a los barcos que circulen por Ormuz y vetar el paso a embarcaciones vinculadas a Estados Unidos e Israel, según ha informado la agencia Fars. Aunque el texto no concreta las tarifas, medios próximos a la Guardia Revolucionaria apuntan a importes que podrían alcanzar los dos millones de dólares o bien a un sistema variable en función de la carga, similar al del canal de Suez. 

La iniciativa, sin embargo, todavía tiene que superar varios trámites antes de entrar en vigor, ya que necesita el aval definitivo del parlamento y, posteriormente, del Consejo de Guardianes, el órgano encargado de validar o vetar la legislación. Aun así, desde medios próximos al régimen ya se proyectan las posibles consecuencias económicas. Según la agencia Tasnim, los ingresos anuales derivados de los peajes podrían alcanzar los 100.000 millones de dólares, por encima de los aproximadamente 80.000 millones que genera actualmente la venta de petróleo para la República Islámica. El proyecto se despliega en cuatro ejes principales, que incluyen medidas de seguridad marítima, tasas vinculadas al impacto ambiental, tarifas por servicios de practicaje —derechos que pagan las embarcaciones— y la creación de un fondo específico destinado al desarrollo regional.

El portavoz de la Presidencia del parlamento iraní, Abbas Goudarzi, ha asegurado que “el estrecho de Ormuz se ha convertido en una ventaja estratégica para Irán en las nuevas condiciones de seguridad y nunca volverá a tener el estatus que tenía antes”. En declaraciones recogidas por Tasnim, también ha advertido que “la gestión de esta importante vía fluvial está en manos de las fuerzas armadas de la República Islámica de Irán” y que ningún país podrá transitar por ella sin su permiso, subrayando que Irán defenderá esta posición “con todo su poder militar”.

Cerrado a cal y canto

Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, la República Islámica mantiene restringido el paso por el estrecho de Ormuz a los que considera “enemigos”, mientras permite el tránsito de petroleros de países con quienes mantiene buenas relaciones, como la India o Tailandia. El impacto sobre el tráfico marítimo ha sido notable, ya que, según datos de S&P Global Market Intelligence, en el último mes solo unos 150 barcos han cruzado el estrecho, cuando antes de la guerra este número de barcos lo hacía diariamente. De hecho, el 20% del petróleo mundial pasaba por este punto en condiciones normales. La reducción drástica de la actividad en Ormuz ha contribuido al encarecimiento del petróleo, con el barril de Brent superando los 100 dólares por primera vez desde 2022.