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Cuando la guerra entre Irán y Estados Unidos cumple seis meses, Teherán ha amenazado a Washington con una respuesta contundente después de la nueva ofensiva económica de la Casa Blanca. Irán asegura que está preparado para resistir las sanciones y deja entrever que podría pasar de la defensa al ataque si la presión estadounidense continúa. "Nuestra defensa ya no es tan defensiva; los enemigos deben esperar un ataque", ha advertido el ministro de Economía iraní, Ali Madanizadeh, según ha informado Reuters

La advertencia llega después de que Washington ampliara las sanciones contra Irán y amenazara también a los países y empresas que mantengan relaciones comerciales con Teherán. Pero, más allá de las declaraciones, las opciones de represalia iraníes pueden tener consecuencias que superen el conflicto bilateral y afecten a la economía mundial.

Uno de los principales instrumentos de presión de Teherán es el estrecho de Ormuz, una de las rutas marítimas más importantes del planeta para el transporte de energía. Reuters señala que Irán ya ha reducido considerablemente el tráfico por el paso marítimo y que cualquier nueva interrupción de las exportaciones de petróleo del Golfo podría provocar una nueva escalada de los precios energéticos.

Las amenazas de Irán

De hecho, antes de que Washington anunciara las nuevas medidas, responsables iraníes ya habían advertido que podrían reducir aún más las exportaciones de petróleo como respuesta a las sanciones. El antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria Mohsen Rezaei ha llegado a plantear la posibilidad de detener completamente las exportaciones a través del estrecho de Ormuz y del golfo Pérsico, según Reuters.

Teherán también podría optar por una respuesta militar indirecta. Un portavoz de la Guardia Revolucionaria, el general Hossein Mohebbi, ha amenazado con "golpes contundentes" contra intereses vitales de Estados Unidos y contra puntos estratégicos de la energía si las infraestructuras iraníes son atacadas. Entre los objetivos potenciales habría instalaciones estadounidenses en la región o infraestructuras energéticas de los países del Golfo aliados de Washington.

La respuesta iraní, sin embargo, no se limita a la amenaza militar. El ministro Madanizadeh ha asegurado que Rusia y China no han aceptado las nuevas sanciones estadounidenses y ha confiado en que otros socios comerciales también se resistan a las presiones de Washington. La capacidad de Teherán para mantener abiertas estas vías comerciales será clave para determinar hasta qué punto las nuevas medidas pueden afectar a su economía.

El conflicto llega así a una fase especialmente delicada. Irán y Estados Unidos firmaron en junio un acuerdo provisional destinado a poner fin a la guerra iniciada por los ataques estadounidenses e israelíes, pero el pacto ha quedado encallado. Al mismo tiempo, Pakistán intenta actuar como mediador y asegura haber logrado avances significativos en las conversaciones con Teherán, especialmente sobre la reducción de la escalada y la posible reapertura del estrecho de Ormuz.

La vía diplomática, sin embargo, sigue lejos de consolidarse. Con el tránsito por Ormuz reducido a mínimos y sin un acuerdo estable entre Washington y Teherán, cualquier movimiento militar o económico puede tener efectos inmediatos sobre los mercados energéticos.

La respuesta de Irán será, por tanto, decisiva. Si Teherán limita su reacción a medidas económicas y presión sobre el comercio, todavía habrá margen para la mediación. Si, en cambio, cumple las amenazas de atacar intereses estadounidenses o bloquear aún más Ormuz, el conflicto podría entrar en una fase de escalada con consecuencias mucho más allá de Irán y Estados Unidos.