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Los rebeldes hutíes de Yemen han elevado este domingo la tensión en Oriente Medio con dos ataques con drones contra instalaciones estratégicas de Arabia Saudí. El grupo ha reivindicado un impacto contra la refinería de Saudi Aramco situada en Jizan, en el suroeste del país y junto a la frontera yemení, donde se ha declarado un incendio. "Las fuerzas yemeníes, por la gracia de Dios, han conseguido atacar la refinería de Aramco con un dron y el impacto ha sido preciso", ha asegurado el portavoz militar hutí, Yahya Saree, que ha justificado la operación como una respuesta a incursiones saudíes sobre las provincias de Sada y Hajjah. El Ministerio de Energía saudí ha confirmado el incendio en una de las instalaciones vinculadas a la refinería, aunque ha asegurado que los equipos de emergencia lo han extinguido.

Más tarde, los hutíes han reivindicado un segundo ataque, esta vez contra el puerto yemení de Moca, en la costa del mar Rojo y bajo control del gobierno reconocido internacionalmente. La ofensiva ha dejado al menos 14 muertos y 50 heridos, según fuentes médicas citadas por la cadena oficial Saba TV. Los rebeldes han asumido la autoría de la operación y han asegurado que el puerto acogía efectivos militares y depósitos de armas enviadas por Arabia Saudí, principal aliada del gobierno yemení en el conflicto. También han justificado el ataque como una respuesta a bombardeos previos del ejército gubernamental contra la ciudad portuaria de Al-Hudayda, bajo control hutí.

Moca es la principal infraestructura portuaria controlada por el gobierno yemení y ocupa una posición clave en el estrecho de Bab el-Mandeb, un paso comercial estratégico a escala mundial. El ataque de este domingo, uno de los más letales y potentes desde la reanudación a gran escala de las hostilidades entre el ejército yemení y los hutíes, habría impactado en "instalaciones civiles y zonas residenciales vecinas", según fuentes de Saba TV. La dirección del puerto también ha advertido que, a falta de una evaluación definitiva, los bombardeos parecen haber causado "grandes daños materiales".

La importancia del episodio es enorme en clave internacional. Mientras Irán mantiene el control sobre el estrecho de Ormuz y lo utiliza como palanca en las negociaciones con Estados Unidos, una eventual paralización de Bab el-Mandeb por parte de los hutíes podría llegar a bloquear la salida al golfo de Adén para gigantes petroleros como Arabia Saudí. De hecho, el jefe del ejecutivo del gobierno de Adén, Rashad al-Alimi, ha señalado directamente a Irán como responsable último de la escalada. Según el presidente del Consejo de Liderazgo, Teherán habría ordenado a los hutíes atacar esta infraestructura "vital" con el objetivo de ampliar la presión sobre los intereses económicos y marítimos de la región. "Lo que ha pasado es una extensión de la estrategia de escalada iraní, que atenta contra instalaciones económicas, rutas marítimas e intereses de los países de la región", ha afirmado Al-Alimi.

Espiral de ataques

Los hutíes se han consolidado como una pieza central en el actual equilibrio de fuerzas en la región y los ataques de este domingo agravan la espiral de violencia en Yemen. El sábado, el gobierno oficial ya había denunciado una nueva ofensiva de los hutíes contra Marib, al oeste del país, capital de la gobernación homónima y principal reducto de las fuerzas gubernamentales más cercano a Saná, controlada desde hace más de una década por el movimiento rebelde. En respuesta, el ejército yemení anunció una operación militar contra posiciones, efectivos y capacidades insurgentes en varios puntos de las líneas de contacto, con especial intensidad en Al-Hudayda.