La campaña militar de Israel contra objetivos energéticos iraníes ha golpeado refinerías y depósitos de combustible en la zona de Teherán. Los ataques aéreos del fin de semana provocaron grandes columnas de humo negro visibles desde varios puntos de la capital, en una escena que algunos residentes describieron como “apocalíptica”. Sin embargo, una infraestructura clave del país continúa intacta: la isla de Kharg.
Situada en el golfo Pérsico, a unos cuarenta kilómetros de la costa iraní, Kharg es el principal centro de exportación de petróleo del país. Por esta pequeña isla coralina —de unos ocho kilómetros de longitud— pasa aproximadamente el 90% del crudo que Irán vende a los mercados internacionales. A pesar de su importancia estratégica, hasta ahora ni Estados Unidos ni Israel la han convertido en objetivo directo de los bombardeos.
La importancia de la isla de Kharg
Los analistas apuntan a una razón principal: el impacto que tendría sobre el mercado energético global. Un ataque contra Kharg podría dejar fuera de circulación la mayor parte de las exportaciones de petróleo iraní, lo que dispararía los precios internacionales del crudo. Algunos expertos del sector energético calculan que el barril podría superar fácilmente los 150 dólares si las instalaciones quedaran fuera de servicio durante un período prolongado.
Actualmente, el petróleo ya se ha encarecido en las últimas semanas por la tensión regional y por el temor a represalias iraníes en el golfo Pérsico. Estas preocupaciones han reducido el tráfico de petroleros en el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del planeta.
Kharg es el punto final de los oleoductos que transportan el crudo procedente de los principales yacimientos de Irán, situados en el centro y en el oeste del país. Sus instalaciones portuarias permiten cargar grandes petroleros gracias a la proximidad con aguas profundas, una característica que no se encuentra en buena parte del litoral iraní.
En condiciones normales, entre 1,3 y 1,6 millones de barriles diarios salen de esta terminal hacia los mercados internacionales. Según estimaciones de bancos de inversión, Irán habría incrementado el volumen exportado hasta unos tres millones de barriles al día en los meses previos a la escalada militar, previsiblemente para reforzar los ingresos antes de un posible conflicto. En la isla también se acumulan reservas que pueden superar los 18 millones de barriles.
¿Qué pasaría si atacaran esta infraestructura?
A pesar de todo, la posibilidad de atacar Kharg ha aparecido en debates dentro de la administración estadounidense. Algunos asesores han sugerido que neutralizar esta infraestructura podría debilitar severamente la economía iraní, ya que el petróleo es la principal fuente de ingresos del país. Sin la capacidad de exportar crudo, argumentan, el gobierno tendría muchas más dificultades para sostener su aparato estatal.
Otros analistas, sin embargo, advierten que el coste económico y político de una operación así podría ser muy elevado. La destrucción de la terminal petrolera podría provocar un choque energético global en un momento en que el mercado ya está tensionado por otras interrupciones de suministro en la región.
También hay consideraciones a largo plazo. Algunos expertos señalan que eliminar completamente la capacidad exportadora de Irán podría perjudicar a cualquier hipotético gobierno futuro que sustituyera al actual régimen, ya que privaría al país de una fuente de ingresos esencial para reconstruir la economía.
Finalmente, está el factor militar. Aunque un bombardeo aéreo podría dañar instalaciones concretas, capturar o controlar la isla requeriría una operación mucho más compleja y sostenida que una simple incursión. Por eso, de momento, Kharg continúa fuera de la lista de objetivos inmediatos, aunque su importancia la mantiene en el centro de los cálculos estratégicos de la guerra.