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Las perspectivas para la celebración de elecciones democráticas en Venezuela parecen continuar igual de lejos ahora que antes del anuncio por parte del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, de un "histórico" acuerdo para garantizar la "dominancia energética" de su país "para el próximo siglo". A medida que se van conociendo más detalles sobre los planes de la Casa Blanca en el país caribeño, que dispone de las reservas de petróleo conocidas más grandes del mundo, la celebración de unas elecciones democráticas en el país se retrasa hasta que el país pueda estar "estabilizado y funcionando". En una rueda de prensa este martes, un alto funcionario de la Casa Blanca ha defendido que el acuerdo cerrado con el gobierno de la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, es un paso previo y necesario para la futura celebración de elecciones democráticas en el país.

El mismo funcionario, sin embargo, ha vinculado esta celebración de elecciones y la democratización de Venezuela a los avances en los planes de la administración Trump para poder reconstruir la economía venezolana, con especial atención al importante sector petrolero, y que va relacionada con el acuerdo firmado ahora hace cuatro días. "Queremos que un nuevo gobierno de Venezuela, un gobierno de la república democráticamente elegido, herede no un país fallido, sino un país que como mínimo haya sido estabilizado y esté funcionando", ha explicado el funcionario sobre el calendario electoral para Venezuela. El acuerdo firmado con Trump, afirma, permitirá a Venezuela reinvertir los ingresos petroleros que obtenga en modernizar la misma industria petrolera, cosa que, según ha explicado, no pasaba durante los gobiernos de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Reconstrucción, estabilización y, después, elecciones

La celebración de unas elecciones libres en Venezuela, para las cuales todavía no hay ninguna fecha fijada, indica el representante del gobierno Trump, será un paso "importante" y tiene que ser "la culminación de los esfuerzos" para estabilizar el país. En este sentido, explica que si las elecciones se celebraran en un marco de tiempo próximo, se llevarían a cabo bajo "los mecanismos establecidos por Hugo Chávez". Por esta razón, indica que, antes de la celebración de los comicios, es necesaria la constitución de una nueva autoridad electoral, el establecimiento de una prensa libre y el fortalecimiento de los partidos políticos para que representen al pueblo. 

"Una de las cosas más importantes es conseguir que el país no se limite a una elección o a dos, sino que se convierta en una democracia estable, una república estable que pueda celebrar elecciones de forma recurrente", ha aseverado. Como ejemplo contrario, se ha referido a la situación que se vivió en Nicaragua, que retornó el sandinismo al poder mediante unas elecciones 16 años después de que este también fuera derrotado en las urnas en 1990. El funcionario afirma que no se hizo el trabajo necesario en Nicaragua para prevenir este retorno al poder del sandinismo, movimiento que tiene sus orígenes en la lucha guerrillera contra la ocupación estadounidense del país el primer tercio del siglo XX. 

El funcionario destaca que, con el acuerdo firmado, Estados Unidos no solo se asegura el suministro de crudo de petróleo, sino que consigue que uno de los principales productores mundiales se alinee con Washington, y no con China o Rusia. El acuerdo da acceso a Estados Unidos, a través de su asociación con un empresario venezolano, a una quinta parte de las reservas petroleras del país. Esto ha despertado recelos entre algunos sectores que consideran que Trump no está verdaderamente interesado en impulsar una transición democrática en el estado caribeño. 

En palabras de la misma fuente de la administración estadounidense, el pueblo venezolano "lo que quiere es un alivio económico inmediato, porque sufre cada día" y que, por esta razón, el gobierno Trump no quiere retrasar una parte del proceso —el desarrollo de la industria petrolera— en espera de la celebración de unas elecciones democráticas. 

100 años para explotar 1/6 de las reservas

El gobierno de EE. UU., a través del Pentágono, controlará un 35% del negocio que constituirá con su socio, el multimillonario venezolano Alejandro Betancourt y su North American Blue Energy Partners (NABEP). El acuerdo también asegura a EE. UU. un 20% de la producción a precio de coste, aunque Trump ya ha avisado de que la obtención de este crudo no será inmediata y que, por lo tanto, los estadounidenses tardarán en notarlo en su bolsillo. La presidenta en funciones de Venezuela, Delcy Rodríguez, ha dado a la compañía derechos de 100 años sobre 17 yacimientos de petróleo con reservas probadas de 65.000 millones de barriles. Muchos de estos yacimientos eran anteriormente propiedad de empresas rusas o chinas, según ha informado la Casa Blanca.