Donald Trump no necesita una tarima para gobernar, pero parece necesitarla para sentirse presidente. En un escenario, se encuentra bien. Como pez en el agua. En Dallas, ante miles de seguidores republicanos, el mandatario estadounidense volvió a representar el personaje que ha construido durante más de una década: un líder omnipotente, irreverente y perseguido por adversarios que, según él, intentan impedirle culminar una misión histórica.
La convención republicana de medio mandato se ha convertido este miércoles en una nueva demostración del trumpismo en estado puro. Durante una hora y cuarenta y cuatro minutos, Trump combinó proclamas políticas, chistes, insultos, exageraciones y afirmaciones falsas ante un público que, lejos de cuestionarlo, celebraba cada salida de guion.
Culto al líder
La escena estaba pensada para reforzar esta liturgia política. La música patriótica, las banderas, los gritos de "USA! USA!" y la presencia de algunos de los seguidores más fieles del movimiento Make America Great Again crearon un ambiente más propio de un mitin electoral que de una convención partidista. Entre los asistentes se encontraban los conocidos "front row Joes", seguidores que han acompañado a Trump durante años y que se han convertido en un elemento más de sus actos.
El presidente aprovechó el escenario para alimentar también su propia leyenda. Ha asegurado falsamente que había ganado tres elecciones presidenciales y ha afirmado que incluso sus adversarios lo estaban reconociendo. La multitud ha contestado con gritos de "Four more years!" (¡Cuatro años más!).
La distorsión de los hechos no es, sin embargo, un elemento accidental del discurso de Trump. Forma parte de una manera de hacer política en la que la repetición, la provocación y la teatralidad acaban convirtiendo cualquier afirmación en un acto de fidelidad al líder. En Dallas, esta dinámica volvió a quedar expuesta.
Trump y la polémica en política exterior
Trump también ha hablado de política exterior, un terreno donde su presidencia busca proyectar una imagen de fuerza excepcional. Ha presumido de sus decisiones sobre Irán y el estrecho de Ormuz y llegó a sugerir, en tono de broma, que este último podría acabar llevando el nombre de "Trump Strait" (estrecho de Trump). También defendió denominaciones como "Gulf of America" y ha propuesto, irónicamente, rebautizar Nuevo México como "New America".
En política interna, pidió a los votantes republicanos que actuaran como si él mismo estuviera en la papeleta de las elecciones de mitad de mandato y prometió 5.000 dólares a cada adulto estadounidense si el Partido Republicano conserva el control de las dos cámaras del Congreso.
Lo más revelador, sin embargo, ha sido la relación entre Trump y su público. Él mismo ha definido su técnica discursiva como "the weave": saltar de un tema a otro, introducir aviones, edificios o anécdotas y volver finalmente al punto de partida. Parece un método confuso, pero no lo es para sus seguidores. Trump sigue siendo, para sus fieles, el único protagonista de una historia política que todavía no ha terminado.
