Los Estados Unidos están endureciendo su estrategia contra Cuba para provocar un cambio de régimen en la isla con un aumento de la escalada de presión de Washington sobre La Habana y movimientos estratégicos muy concretos y directos. A la mezcla de sanciones, presión energética, intimidación militar y mensajes políticos sobre un posible "cambio" en Cuba, la administración Trump ha dado un giro de tuerca que se suma a la imputación este miércoles del expresidente Raúl Castro por la muerte de cuatro pilotos de la organización Hermanos al Rescate hace treinta años: el ejército estadounidense ha ordenado el despliegue inmediato en aguas del Caribe del portaaviones de propulsión nuclear USS Nimitz y su grupo de ataque, según ha informado el Comando Sur, un movimiento que encaja dentro de esta escalada de tensiones, presiones y amenazas contra Cuba y las autoridades de la isla, que ya han advertido que los Estados Unidos están construyendo una narrativa para justificar una intervención militar, como hicieron con Venezuela a principios de año, cuando también se acusó a Maduro de supuesto terrorismo y apoyo a los narcotraficantes antes de que Trump ordenara a las fuerzas especiales los bombardeos sobre Caracas y la captura del presidente venezolano.
El Mando Sur de los Estados Unidos (SOUTHCOM) ha dado la bienvenida al Caribe al grupo de ataque del portaaviones Nimitz con un mensaje publicado en las redes sociales. "¡Bienvenido al Caribe, grupo de ataque del portaaviones Nimitz!", ha indicado el mando norteamericano, que ha presentado el portaaviones USS Nimitz, el ala aérea embarcada, el destructor USS Gridley y el buque de apoyo logístico USNS Patuxent como "el paradigma de la preparación y la presencia", con "un alcance y una letalidad sin igual" y una clara "ventaja estratégica". El texto termina con un mensaje subliminal: "El USS Nimitz ha demostrado su capacidad de combate en todo el mundo, garantizando la estabilidad y defendiendo la democracia desde el estrecho de Taiwán hasta el golfo Arábigo".
El USS Nimitz es uno de los portaaviones más emblemáticos de la historia de la marina estadounidense. Fue el primer buque de una nueva generación de portaaviones nucleares de la clase Nimitz, diseñada para complementar los de la clase Kitty Hawk y fue comisionado el 3 de mayo de 1976 por el entonces presidente Gerald R. Ford. El buque lleva el nombre del almirante Chester Nimitz, comandante en jefe de la Flota del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial. Actualmente, el USS Nimitz (CVN-68) es el superportaaviones de propulsión nuclear en activo más antiguo de la Armada de los Estados Unidos; entró en activo hace 50 años y se encontraba finalizando su gira de despedida antes de su retirada del servicio. Una gira que tenía como objetivo fomentar la cooperación, reforzar las alianzas marítimas, contrarrestar las amenazas regionales y mejorar la coordinación operativa. El USS Nimitz ha afrontado su último gran despliegue operativo antes de ser retirado del servicio, con actividad en varias zonas estratégicas: primero en el Indo-Pacífico, luego en Oriente Medio y finalmente en América Latina. Durante este recorrido, el portaaviones ha participado en ejercicios navales, operaciones de presencia estratégica y maniobras de cooperación con países aliados. También ha hecho una escala destacada en Baréin y se ha integrado en la misión Southern Seas 2026. El despliegue, sin embargo, también ha estado marcado por dos incidentes aéreos, aunque las tripulaciones implicadas pudieron ser rescatadas. Inicialmente, estaba previsto retirar el Nimitz en primavera, pero la Marina ha extendido su vida operativa hasta marzo de 2027 para mantener el mínimo de portaaviones en servicio. Aunque el retraso en la retirada obedece a razones de disponibilidad, ahora ha sido enviado al Caribe en un momento en que Washington está endureciendo mucho la presión sobre Cuba, un movimiento que no es visto como casual.
A la imputación de Raúl Castro y el envío del portaaviones USS Nimitz a la zona, se suma también la ofensiva de los mensajes políticos después de que la administración Trump haya impuesto nuevas sanciones contra el gobierno de la Isla. Por un lado, el secretario de Estado, Marco Rubio, hizo un llamamiento al pueblo cubano para establecer una "nueva relación" directa, sin la tutela de las autoridades de la isla, a las que acusó de "saquear miles de millones de dólares" a través de empresas como el Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), un conglomerado propiedad de las Fuerzas Armadas cubanas. "Mientras vosotros sufrís, estos empresarios acumulan 18.000 millones de dólares en activos y controlan el 70% de la economía de Cuba. Todo pasa por sus manos", afirmó Rubio horas antes en un vídeo en castellano publicado en las redes sociales. En el mensaje, añadió que, a su parecer, "la verdadera razón por la cual no tienen electricidad, combustible ni alimentos en la isla es que quienes controlan el país han saqueado miles de millones de dólares, pero nada de eso se ha utilizado para ayudar al pueblo".
A esto se suma la imputación del expresidente cubano Raúl Castro por parte del Departamento de Justicia de Estados Unidos, por el derribo, en 1996, de dos aviones civiles en aguas internacionales. Las aeronaves pertenecían a la organización de exiliados cubanos Hermanos al Rescate y en el incidente murieron tres ciudadanos estadounidenses y un residente en Estados Unidos. La acusación fue interpretada por el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, como un intento de "justificar" una eventual agresión militar contra el país caribeño. También lo calificó de "prueba" de la "soberbia y frustración" que, según él, provoca a los representantes del "imperio" la "firmeza indestructible de la Revolución cubana" y la "unidad y fortaleza moral" de su liderazgo.
