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Colombia decide este domingo su futuro para los próximos cuatro años en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con tres candidatos con opciones de pasar a la probable segunda vuelta el próximo 21 de junio. 40 millones de colombianos están llamados a las urnas para elegir al sucesor de Gustavo Petro, el primer presidente de izquierdas de la historia del país que ganó las elecciones en 2022 con un 50,44% de los votos, en un contexto de elevada polarización política. La seguridad y la violencia han centrado la campaña electoral donde, por primera vez, no hay ningún candidato del centro político batiéndose con opciones en la contienda electoral. Con la región virando hacia la derecha, el espacio político está competido por dos candidatos que presentan perfiles ideológicos y de formas políticas diferentes, una más radical y la otra más tradicional. Por el Pacto Histórico, el partido de Petro, se presenta el senador Iván Cepeda, hijo de un senador asesinado en 1994 y que defiende el proyecto de Paz Total del actual mandatario. El Centro Democrático del expresidente Álvaro Uribe lo representa la candidata Paloma Valencia, mientras que un poco más a la derecha está Abelardo de la Espriella, que tiene como referentes políticos al presidente salvadoreño, Nayib Bukele y al argentino Javier Milei.

La seguridad y el repunte de la violencia durante el mandato de Petro, con la incapacidad para imponer el Acuerdo de Paz firmado con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) en el año 2016 tanto por esta administración como la anterior, han centrado la campaña. Pero la próxima administración también se verá ante una grave crisis en el sistema sanitario que Petro no ha conseguido reformar durante su mandato y deberá colaborar con un parlamento sin mayorías claras para sacar adelante su agenda. Las encuestas indican que Iván Cepeda será el vencedor de la primera vuelta con cerca del 40% de los apoyos, y que De la Espriella conseguiría imponerse a Valencia con un 30% de los votos, mientras que la uribista conseguiría cerca de un 18% de los apoyos. Los últimos números de intención de voto, sin embargo, son de hace una semana, y las urnas podrían cambiar estas posiciones con los resultados este domingo, pero la tendencia apunta, esta vez, a un duelo entre la izquierda y la derecha radical. 

La polarización política también ha llegado con claridad a Colombia, sobre todo desde el ascenso de Petro a la presidencia, con acusaciones de conspiración entre su gobierno y las bandas criminales por parte de la derecha y el centroderecha y el discurso del miedo a perder las conquistas sociales de los "silenciados" que también aviva el Pacto Histórico. Tampoco se ha olvidado en ningún caso el asesinato del precandidato Miguel Uribe Turbay, del partido Centro Democrático, que murió dos meses después de ser tiroteado, ahora hace un año, por las disidencias de las FARC, según apunta la fiscalía colombiana. Álvaro Uribe, una de las figuras más importantes en la política del país y presidente entre los años 2002 y 2010, acusó a Petro de haber promovido la violencia y fomentado la polarización política en una entrevista con Radio Exterior, donde también dijo que, en caso de ganar Cepeda no reconocería esta victoria al ser "ilegítima" porque dice que es un candidato "avalado por los grupos violentos". 

Los candidatos

Cepeda es un firme defensor de la estrategia de Paz Total de Petro, que ha implicado negociaciones y conversaciones con los grupos armados y violentos que, durante estos años, han aumentado su control territorial y su adhesión de guerrilleros. El candidato de izquierdas quiere promover una "paz con justicia social" que aborde las causas estructurales de la violencia y pide una segunda etapa de "revoluciones democráticas" después del "primer gobierno de cambio". "Las transformaciones profundas que necesita el país solo pueden comprenderse y desarrollarse como verdaderas revoluciones democráticas", dice el candidato en su programa, donde apunta que son "procesos históricos de transformación impulsados por la ciudadanía".

Los candidatos de las derechas, sin embargo, rechazan frontalmente el concepto de Paz Total y la gobernanza de Petro. De la Espriella, conocido como 'el Tigre', se presenta como un candidato fuera de la política a pesar de que es un abogado y empresario con una larga trayectoria pública. Su discurso de tintes populistas se apoya en la mano dura contra la violencia y propone militarizar la lucha contra el narcotráfico. Siguiendo las huellas de Nayib Bukele apuesta por la creación de megaprisones y también imita a Milei con la propuesta de reducir "hasta en un 40%" el tamaño de la administración. "La política de Paz Total acaba conmigo. La Seguridad Total comenzará", ha dicho en un acto, en el cual aseguraba querer acercarse a Donald Trump y Estados Unidos para combatir el narco.

Valencia, por su parte, defiende la trayectoria de Uribe y su partido como el camino a seguir y hace una apuesta por aumentar el presupuesto en defensa para combatir la violencia, aunque desde un discurso más conciliador y reformista. Quiere volverse a acercar a EE. UU. después de sus crisis con Petro, a quien acusan de ser un "líder del narcotráfico" y defiende un programa de rebajas fiscales y de reducción de la administración. 

Violencia, seguridad, narcotráfico y salud

La lucha contra el narcotráfico también será uno de los retos del ganador de las elecciones, con el crecimiento de los cultivos ilegales y el fortalecimiento de los grupos violentos y armados que tienen el narcotráfico como principal fuente de ingresos y donde han ido a parar guerrilleros después de la desmovilización de las FARC. También crecen la desconfianza en las administraciones y los discursos antisistema, aunque el gobierno entrante tendrá más margen económico que político a causa de las buenas sensaciones de la población respecto de la economía.

También entre los problemas más visibles está la crisis del sistema de salud, marcada por la escasez de medicamentos, las deudas de las Entidades Promotoras de Salud (EPS), el cierre de servicios y el aumento de quejas de los pacientes por no poder acceder a tratamientos. "El sistema colombiano de salud está colapsando desde hace un tiempo", asegura a EFE el director de la Federación Médica Colombiana, Diego Fernando González, que atribuye parte de la crisis a la "intermediación financiera en los recursos públicos de salud". Las EPS deben millones de dólares a hospitales, clínicas y laboratorios, lo que ha generado un "efecto dominó" sobre pacientes, y por eso lamenta que ningún candidato tenga una propuesta "seria" para salir de la crisis.