Cada vez estamos más cerca del día D y la hora H. Esta noche el candidato republicano, Donald Trump, y la candidata demócrata, Hillary Clinton, afrontan el último y definitivo debate televisivo antes de las elecciones del próximo 8 de noviembre. Será la última oportunidad para Trump de reponerse de las últimas polémicas. El republicano tiene que conseguir limpiar su imagen ante el país de sus últimos escándalos sexuales, si quiere reponerse y seguir con posibilidades de llegar a la Casa Blanca.
Si en el primero debate el candidato republicano utilizó un tono moderado, mientras empataba con Clinton en las encuestas, al segundo llegó enfurecido. Después de las acusaciones de abuso sexual por parte de varias mujeres y de la difusión de un vídeo grabado en el 2005 donde hacía unas declaraciones denigrantes hacia las mujeres, se pudo volver a ver el magnate agresivo de principios de la campaña. Hoy, se espera un Trump más parecido al del segundo debate que al del primero.
Hoy, diez días después del último cara a cara, Trump llega todavía más enfangado de problemas y, también, más solo. Después de los últimos escándalos, importantes líderes del Partido Republicano han retirado su apoyo al aspirante conservador.
También llega más perjudicado por las encuestas. Según el Real Clear Politics, que realiza ponderaciones de las encuestas en todo el país, la demócrata cuenta con hasta seis puntos de ventaja. Además, los cálculos de posibilidades del New York Times, sólo le dan un 8% de posibilidades de ser presidente (Clinton tiene un 92%).
Con respecto a la candidata Hillary Clinton, llega reforzada por los buenos datos de las últimas encuestas. La demócrata se está beneficiando mucho del apoyo que le dan tanto el presidente Obama como la primera dama Michelle Obama -que el otro día pronunció un emocionante discurso que ya ha dado la vuelta al mundo. Además, la ex-primera dama ha conseguido pasar de puntillas y no verse demasiado perjudicada por las filtraciones de Wikileaks de miles de correos de John Podesta, jefe de la campaña de la candidata demócrata, sobre los discursos pagados de la exsecretaria de Estado.
Con respecto a la audiencia, el primer debate disfrutó de una máxima expectación para ver a los dos candidatos enfrentándose por primera vez en directo. Hizo un récord la audiencia y consiguió reunir a 84 millones de espectadores. El segundo, no disfrutó de la misma suerte, y el interés se redujo hasta los 66 millones. En este último, se espera que todavía sea menor.
