La cumbre de la OTAN que se celebra los días 7 y 8 de julio en Ankara llega en un contexto de profunda transformación de la Alianza Atlántica. La guerra de Ucrania continúa abierta, las tensiones en Oriente Medio han aumentado durante los últimos meses y Estados Unidos reclama a sus socios europeos un cambio de modelo en materia de defensa. Este es el trasfondo de una reunión que va más allá de los compromisos presupuestarios y que puede marcar el futuro de la seguridad en el continente.
1. La relación con Estados Unidos entra en una nueva etapa
El principal interrogante es qué papel quiere jugar Washington dentro de la OTAN durante los próximos años. Donald Trump ha reiterado sus críticas a los aliados europeos, a los que acusa de no asumir suficientes responsabilidades en defensa. La Casa Blanca defiende que Europa incremente sus capacidades militares mientras Estados Unidos concentra sus recursos en otras prioridades estratégicas. Este cambio de planteamiento también alimenta las dudas sobre la solidez del compromiso norteamericano con el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que establece la defensa colectiva entre todos los miembros de la Alianza.
2. El rearme europeo acelera
La respuesta europea implica reforzar sus capacidades militares. La Unión Europea impulsa nuevos programas para incrementar la producción de armamento y reducir la dependencia de los fabricantes norteamericanos, especialmente en ámbitos como la defensa antiaérea, los sistemas antimisiles, la vigilancia, los drones, la inteligencia o las tecnologías espaciales. El objetivo es que los ejércitos europeos asuman más protagonismo en la defensa convencional del continente, un escenario que hasta hace pocos años parecía lejano.
3. Rusia sigue siendo la principal amenaza militar
A pesar de la atención que despiertan otros conflictos internacionales, la invasión rusa de Ucrania sigue marcando las prioridades de la OTAN. Los aliados consideran que Moscú mantiene una elevada capacidad militar y no descartan que, una vez finalice la guerra, pueda incrementar la presión sobre otros países del este de Europa. Por este motivo, la cumbre volverá a insistir en el apoyo político y militar a Kyiv, así como en el refuerzo del flanco oriental de la Alianza.
4. Más gasto, pero también más coordinación
El incremento de los presupuestos de defensa será uno de los grandes debates de la reunión. Varios países europeos han expresado dificultades para alcanzar el objetivo de destinar el 5% del PIB a defensa antes de 2035, pero el debate va más allá de la cifra. Los aliados también quieren mejorar la coordinación entre sus industrias militares, compartir capacidades y evitar duplicidades en la compra y producción de equipamiento, un aspecto considerado imprescindible para ganar autonomía estratégica.
5. Las nuevas amenazas también entran en la agenda
La defensa ya no pasa exclusivamente por los ejércitos convencionales. Los ataques híbridos, los ciberataques, la desinformación, la protección de los cables submarinos, las telecomunicaciones o las infraestructuras energéticas ocupan cada vez más espacio dentro de las estrategias de la OTAN. Los aliados también analizarán el impacto de la cooperación creciente entre Rusia y China y los riesgos derivados de la competencia tecnológica, especialmente en inteligencia artificial, satélites y sistemas de comunicación.
La cumbre de Ankara llega en un momento en que la OTAN afronta el reto de adaptarse a un escenario internacional mucho más fragmentado que el de hace solo unos años. Las decisiones que se adopten no solo condicionarán la respuesta inmediata a los conflictos actuales, sino que también definirán el equilibrio entre Europa y Estados Unidos en materia de seguridad durante la próxima década.
