Durante décadas, Rusia ha proyectado la imagen de una potencia militar capaz de proteger su inmenso territorio con algunos de los sistemas de defensa antiaérea más sofisticados del mundo. Pero los últimos ataques ucranianos sobre Moscú han vuelto a plantear una pregunta incómoda para el Kremlin: ¿hasta qué punto este escudo es realmente eficaz ante las nuevas formas de guerra?
La capital rusa ha vivido esta semana lo que varios medios internacionales han descrito como el ataque con drones más importante desde el inicio de la invasión a gran escala de Ucrania. Más allá de los daños materiales, las imágenes difundidas en las redes sociales y verificadas posteriormente por CNN han llamado especialmente la atención de los analistas militares.
En algunos vídeos se pueden ver soldados disparando sistemas portátiles de defensa antiaérea desde una autopista con tráfico abierto mientras los vehículos continúan circulando a pocos metros. En otras grabaciones, según varios expertos consultados por la cadena norteamericana, un misil ruso parece desviarse de su trayectoria y acaba impactando contra una instalación petrolera en las afueras de Moscú.

Ucrania cambia las reglas del juego
Para muchos especialistas, estas escenas son reveladoras. Stu Ray, analista de la consultora McKenzie Intelligence Services, aseguraba a CNN que la respuesta observada transmite una sensación de improvisación y falta de coordinación. El uso de sistemas militares en zonas con presencia de civiles, sin medidas visibles de control del tráfico, sería un indicio de que las defensas se ven obligadas a reaccionar con rapidez ante una amenaza difícil de prever.
La clave del problema es que Ucrania ha cambiado las reglas del juego. Durante los primeros meses de la guerra, Rusia concentró buena parte de sus defensas aéreas en la frontera y en las zonas de combate. Pero Kyiv ha ido ampliando progresivamente el radio de sus ataques y ha convertido infraestructuras militares, refinerías y objetivos estratégicos situados cientos de kilómetros dentro de Rusia en objetivos habituales.
Esta estrategia obliga a Moscú a dispersar sus sistemas defensivos para proteger una cantidad mucho mayor de instalaciones. El resultado es una cobertura más extensa, pero también más vulnerable.
Según explican varios expertos militares, hay un segundo factor todavía más importante. Los sistemas antiaéreos rusos fueron concebidos durante décadas para interceptar aviones de combate, misiles de crucero o misiles balísticos. Los drones representan una amenaza diferente: son más pequeños, más difíciles de detectar y mucho más baratos de producir.
Thomas Withington, investigador del Royal United Services Institute de Londres, afirmaba recientemente en CNN que las defensas rusas "no están diseñadas para afrontar este tipo de ataques". El problema no es tanto detectar un dron como seguir simultáneamente decenas o cientos de aparatos que llegan desde direcciones diferentes.

La estrategia de Ucrania
Este es precisamente el modelo que está adoptando Ucrania. Más que confiar en un único aparato sofisticado, apuesta por lanzamientos masivos que buscan saturar los radares y obligar a las defensas rusas a consumir recursos constantemente. Aunque la mayoría de los drones sean derribados, basta con que unos cuantos superen el sistema para provocar daños o generar un impacto psicológico considerable.
Los expertos advierten que Rusia sigue disponiendo de una de las redes de defensa antiaérea más extensas del mundo y que probablemente intercepta una gran parte de los drones ucranianos. Pero también coinciden en que la guerra está demostrando una realidad incómoda para muchas potencias militares: los sistemas más caros y sofisticados no siempre son los más adecuados para responder a amenazas nuevas y relativamente baratas.
Más de tres años después del inicio de la invasión, los ataques sobre Moscú tienen un valor militar limitado en comparación con los combates en el frente. Sin embargo, sirven para transmitir un mensaje político y estratégico mucho más profundo. Si la guerra había llegado a las grandes ciudades ucranianas desde el primer día, ahora Ucrania intenta demostrar que tampoco el corazón de Rusia es completamente inaccesible.
Y cada nuevo ataque refuerza la misma idea: en la guerra moderna, la superioridad militar ya no depende solo de quién tiene más armas, sino también de quién se adapta más rápidamente a los cambios tecnológicos.