Desde que Xi Jinping y Vladímir Putin proclamaron en Pekín una “amistad sin límites” en febrero de 2022, la relación entre China y Rusia se ha convertido en una de las alianzas más influyentes del panorama internacional. En plena guerra de Ucrania y con un nuevo foco de tensión abierto en Oriente Próximo después de la escalada entre Irán e Israel, Putin volverá esta semana a la capital china para reforzar un entendimiento que cada vez tiene más peso global.
Estas son las cinco claves que explican cómo Moscú y Pekín han consolidado su eje político, económico y estratégico.
1. La “amistad sin límites” que cambió el tablero global
La fotografía de Xi y Putin en los Juegos Olímpicos de Invierno de Pekín de 2022 marcó un punto de inflexión. Ambos líderes anunciaron una cooperación “sin áreas prohibidas”, en lo que muchos analistas interpretaron como un mensaje directo a Occidente. Pocos días después, Rusia iniciaba la invasión a gran escala de Ucrania. Desde entonces, la relación se ha mantenido estable a pesar de la presión internacional y las sanciones impuestas al Kremlin.
2. China evita condenar a Rusia, pero juega al equilibrio
Pekín ha mantenido una posición ambigua respecto a la guerra. A pesar de defender oficialmente la soberanía territorial de los estados, China nunca ha condenado a Moscú y ha insistido en la necesidad de tener en cuenta las “preocupaciones de seguridad” rusas. Esta estrategia ha permitido a Xi preservar la relación con Putin sin romper completamente los puentes con Europa y Estados Unidos. La diplomacia china continúa apostando por una línea mucho más prudente que la rusa, especialmente en un contexto global cada vez más tenso.
3. Rusia depende cada vez más de China
Las sanciones occidentales han acelerado el giro económico de Moscú hacia Asia. El comercio bilateral entre ambos países alcanzó los 227.900 millones de dólares en 2025, unos 210.000 millones de euros al cambio actual. China se ha convertido en el principal comprador de petróleo y gas rusos, mientras Rusia depende cada vez más del mercado chino para compensar la pérdida de clientes europeos. Desde el inicio de la guerra, Pekín ha adquirido combustibles fósiles rusos por valor de más de 367.000 millones de dólares, cerca de 338.000 millones de euros. Este desequilibrio refuerza la posición de fuerza de China dentro de la relación.
4. Energía y seguridad: los pilares del eje Moscú-Pekín
La cooperación energética es hoy uno de los grandes motores de la alianza. Rusia exportó el año pasado más de 100 millones de toneladas de petróleo y 49.000 millones de metros cúbicos de gas a China. Proyectos como el gasoducto Fuerza de Siberia-2 deben consolidar aún más esta dependencia mutua. Para Moscú, el mercado chino es vital después de la ruptura con Europa. Para Pekín, Rusia es una garantía de seguridad energética en medio de las tensiones en Oriente Próximo y alrededor del estrecho de Ormuz. Al mismo tiempo, ambos países han intensificado los ejercicios militares conjuntos y la coordinación diplomática en organismos como los BRICS o la ONU.
5. Un eje que desafía el orden liderado por Estados Unidos
Moscú y Pekín comparten una misma idea del mundo: reducir el peso de Estados Unidos e impulsar un sistema internacional “multipolar”. Esta coincidencia estratégica explica buena parte de su aproximación. Sin embargo, la relación sigue siendo desigual. Rusia necesita mucho más a China que a la inversa. Pero, a pesar de las diferencias, ninguno de los dos gobiernos parece dispuesto a poner en riesgo una alianza que considera imprescindible ante un escenario internacional cada vez más fragmentado e inestable.
