Semana caliente para Groenlandia y la geopolítica mundial. El interés norteamericano, que se ha hecho famoso con las declaraciones del presidente de los EE. UU., Donald Trump, sobre la compra de la isla e incluso, con una posible intervención militar, tiene raíces mucho más profundas: la isla es una pieza clave para la vigilancia y el control estratégico del Ártico, donde las rutas marítimas y la proximidad con Rusia y Canadá dan un valor geopolítico extraordinario.

Bases norteamericanas: historia y función

La presencia militar de EE. UU. en Groenlandia se remonta a mediados del siglo XX. La más conocida es Pituffik Space Base (antes Thule Air Base), establecida en 1951 con la aprobación de Dinamarca. Situada en el noroeste de la isla, permite controlar el GIUK Gap –el corredor por donde pueden atravesar submarinos y aviones militares hacia el Atlántico Norte– y vigilar posibles lanzamientos de misiles. Esta base forma parte del sistema de alerta temprana BMEWS y está conectada con el NORAD, el sistema de defensa continental norteamericano.

bases groenlandia segona guerra mundial anna sole sans
Bases militares en Groenlandia, durante la Segunda Guerra Mundial / Anna Solé Sans

Otros proyectos históricos, como Camp Century y Proyecto Iceworm, buscaban desplegar misiles balísticos bajo el hielo y construir túneles para armas nucleares, demostrando que el interés de EE. UU. en Groenlandia siempre ha sido tanto defensivo como estratégico. Estas instalaciones han convertido la isla en un punto clave para la proyección de poder, vigilancia y control de rutas marítimas emergentes a medida que el Ártico se vuelve más accesible por efecto del deshielo.

¿Cuáles son las funciones de las bases militares?

Aparentemente, las bases disponen y realizan acciones de vigilancia y alerta temprana a través de radares y sensores para detectar misiles y movimientos militares. La proyección de poder en el Ártico también es un elemento clave. Esto incluye la posibilidad de desplegar aviones, submarinos y equipos militares rápidamente.

Por otro lado, también existe la voluntad de control de rutas marítimas, especialmente del paso del Noroeste, que conecta Europa y Asia. Finalmente, y no menos importante, el soporte a operaciones de la OTAN. Groenlandia es un punto estratégico para ejercicios y coordinación internacional. Estas funciones convierten la isla en un hub militar y logístico de primer nivel, mucho más valioso que su reducida población o los recursos naturales.

base militar narsarsuaq anna sole sans
Base militar de Narsarsuaq, en Groenlandia / Anna Solé Sans

Las bases como argumento de Trump

Es importante precisar: Trump no puede apropiarse formalmente de Groenlandia gracias a las bases. Las instalaciones existen bajo acuerdos con Dinamarca, y la soberanía de la isla continúa siendo groenlandesa y danesa. Pero las bases funcionan como pilar de la estrategia estadounidense. Su existencia refuerza el argumento de que Groenlandia es vital para la defensa nacional y la proyección de poder en el Ártico. Así, la Casa Blanca puede justificar un interés intenso sin necesidad de violar acuerdos internacionales, utilizando la presencia militar como argumento geopolítico y diplomático.

Rutas árticas y rivalidades globales

El Ártico es un escenario en el que Rusia y China también quieren establecer presencia. Groenlandia controla la “puerta oriental” del paso del Noroeste, una ruta marítima que une Europa y Asia con menos tiempo que los canales tradicionales. Las bases norteamericanas permiten vigilar cualquier movimiento estratégico y prevenir que potencias rivales ganen influencia. Según expertos, el control estratégico de Groenlandia es comparable a la importancia histórica del Canal de Panamá: asegurar rutas vitales, proyectar poder y mantener la ventaja en zonas claves del comercio y la defensa.

Dinamarca y la soberanía groenlandesa

A pesar de la presión geopolítica, Dinamarca mantiene su autoridad sobre Groenlandia, y las autoridades han dejado claro que la isla no está a la venta. La presencia norteamericana se combina con la necesidad de respetar soberanía y alianzas internacionales, un equilibrio delicado entre defensa, geopolítica y diplomacia.

banderas dinamarca groenlandia europa press
Euopa Press

El caso de Groenlandia ilustra cómo las superpotencias pueden usar instalaciones militares existentes para justificar objetivos geopolíticos sin alterar formalmente la soberanía. La estrategia estadounidense muestra la tensión constante entre interés militar, seguridad nacional y respeto al derecho internacional.

Además, la obsesión de figuras como Trump por “tener el control” de la isla revela la tentación de transformar bases defensivas en argumentos de dominio territorial, poniendo en riesgo normas establecidas y alianzas consolidadas. Groenlandia es, así, un ejemplo claro de cómo la geopolítica moderna se juega sobre el hielo: un territorio pequeño, pero estratégico, donde cada base es mucho más que una simple instalación militar.