La idea puede parecer extravagante, incluso grotesca: que los Estados Unidos compren Groenlandia –o, en el escenario más extremo, impongan el control por la fuerza–. Pero tras la retórica provocadora de Donald Trump se esconde una lógica geopolítica mucho menos improvisada de lo que podría parecer. La isla más grande del mundo se ha convertido en una pieza clave del nuevo tablero estratégico global, en un Ártico que se derrite, se abre y se disputa.

El Ártico como nuevo centro de gravedad global

Según un análisis publicado por el portal Nikkei Asia, el interés renovado de Trump por Groenlandia no responde tanto al expansionismo territorial clásico como a la necesidad de frenar el avance de China en una región que puede redefinir el comercio y el equilibrio militar del siglo XXI. El deshielo acelera la apertura de nuevas rutas marítimas que podrían acortar de manera radical los trayectos entre Europa y Asia, y Washington no quiere quedar al margen.

La Casa Blanca ha confirmado que la administración Trump estudia “activamente” la viabilidad de una adquisición de la isla, actualmente bajo soberanía danesa. Lo justifica con precedentes históricos como la compra de Luisiana, Florida o Alaska. Pero la comparación chirría: hoy, Groenlandia no es tanto tierra como posición. Y, sobre todo, es clave marítima.

Controlar las puertas del paso del Noroeste

“Groenlandia es el flanco oriental del paso del Noroeste”, explica Jeff Mahon, ex alto cargo del ministerio de Exteriores de Canadá, en esta misma publicación. Este corredor, que atraviesa el Ártico canadiense, podría convertirse en una autopista marítima entre Europa y Asia. “Los barcos europeos tendrían que pasar por delante para llegar”, apunta. Controlar Groenlandia equivaldría, pues, a controlar una de las dos puertas de entrada de esta ruta emergente.

La comparación con el canal de Panamá no es casual. Trump ya ha expresado su inquietud por el control chino de puertos clave en ambos extremos del canal, un cuello de botella esencial para el comercio y la seguridad de EE. UU. Groenlandia juega un papel similar, pero en un escenario aún en construcción, donde las reglas no están del todo escritas.

China y el precedente de la Ruta de la Seda

Aunque Pekín se centra sobre todo en el paso del Nordeste, a lo largo de la costa rusa, los analistas recuerdan que China acostumbra a buscar rutas alternativas. “Cuando el Ártico sea plenamente navegable, China querrá estar allí y tener voz sobre cómo se organiza este espacio”, advierte Justina Budginaite-Froehly, del Atlantic Council, y recoge el artículo.

El precedente de la Nueva Ruta de la Seda pesa: una vez la infraestructura se ha instalado, la dependencia política y económica suele seguirla. En un territorio poco poblado, pero estratégico, esta posibilidad genera inquietud creciente en Washington.

Una línea roja para Dinamarca y la OTAN

A la competición económica se le suma la dimensión militar. Expertos en seguridad alertan del riesgo de que submarinos nucleares rusos o chinos utilicen el paso del Noroeste como espacio de operaciones. Puertos, aeropuertos e instalaciones civiles en Groenlandia podrían tener un uso dual, un escenario que preocupa profundamente a los Estados Unidos.

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Desde Europa, sin embargo, el debate toma otro tono. Groenlandia es territorio asociado a la UE a través de Dinamarca, y una hipotética acción unilateral de los EE. UU. abriría una crisis sin precedentes dentro de la OTAN. Copenhague ya ha dejado claro que considera la isla una línea roja y que cualquier amenaza militar sería inaceptable.

Groenlandia, ¿la última pieza del rompecabezas?

La doctrina de seguridad de Trump pone el énfasis en evitar que potencias rivales controlen activos clave en el hemisferio occidental. En este esquema, Groenlandia aparece como “la última pieza del rompecabezas”, un punto vulnerable que Washington quiere blindar antes de que sea demasiado tarde. Lo que hoy parece una provocación puede acabar siendo una prueba de fuerza. Y en un Ártico que ya no es frontera, sino cruce, la batalla por el hielo que se funde no ha hecho más que empezar.

Una provocación con riesgo de precedente

Detrás de la retórica de Trump, la cuestión de Groenlandia plantea un debate más amplio sobre la legitimidad y los límites de la acción de una superpotencia en territorios soberanos poco poblados. Analistas advierten que el precedente de una adquisición o intervención por motivos de “seguridad nacional” podría erosionar normas internacionales consolidadas y ralentizar la cooperación multilateral en el Ártico. Más allá del juego táctico contra China, la presión sobre Dinamarca y la tentación de militarizar zonas estratégicas como la isla reflejan la tensión entre poder y legalidad, entre oportunidad geoestratégica y responsabilidad diplomática. El debate que se abre es, en definitiva, sobre cómo se escriben hoy las reglas de la geopolítica global en territorios donde el hielo se derrite y los márgenes de actuación todavía son difusos.