Hay vinos que no necesitan grandes ocasiones. Solo una mesa puesta sin prisas, un poco de sombra, algo para picar y aquella conversación que empieza hablando del día a día y acaba intentando arreglar el mundo. Con la llegada del calorcito, también vuelve esta manera más relajada de beber vino: botellas frescas y fáciles de compartir. Precisamente esto es lo que reivindica Pol Aluja en la sección “De vinos con Pol”: tres vinos catalanes, muy diferentes entre ellos, pero unidos por una misma idea. Vinos sencillos —que no simples—, hechos con personalidad y territorio, ideales para empezar el verano.
3 vinos para disfrutar en verano
El primero llega desde la Terra Alta. En Prat de Comte, uno de los pocos pueblos de la comarca donde históricamente no había bodega propia, la familia de Cal Minyó decidió cambiar esta realidad. De allí nace La Minyona Rosat 2025, elaborado con garnacha negra y una producción limitada. Es un rosado que se aleja del perfil más ligero y banal que a menudo acompaña este tipo de vinos. Aquí hay textura, profundidad y una elaboración muy cuidada. El vino nace de un sangrado durante las primeras horas de maceración de un depósito pensado inicialmente para hacer vino tinto. Solo se selecciona la parte más fina y delicada del mosto, que acaba fermentando lentamente en barrica de roble francés de 300 litros. Después de tres meses de crianza y batonajes, el resultado es un rosado con aromas de fruta roja fresca, granada, notas florales y recuerdos sutiles de brioche. En boca es vivo, fresco y elegante, con una textura sedosa que lo convierte en un rosado claramente gastronómico.
Tres vinos diferentes, tres territorios y tres maneras de entender el vino. Pero todos comparten una misma virtud: encajan perfectamente con aquel primer calor que pide terraza
La segunda parada es en la DO Costers del Segre, concretamente en el Vilosell, con Tomàs Cusiné y su Pell de Llop Macabeu Brisat 2025. Aquí entramos en el terreno de los brisados, todavía poco habituales para mucha gente, pero cada vez más presentes entre los vinos de verano. Y sí, como dice Pol Aluja, "brisado no quiere decir orange". O al menos no necesariamente. Este vino, elaborado con macabeo ecológico a 730 metros de altitud, fermenta durante 24 días con sus pieles y después reposa en foudre y barricas durante cuatro meses. El resultado es un vino aromático, con notas de pera, limón, flores blancas y hierbas mediterráneas como el hinojo o el romero. Tiene tensión, una ligera estructura tánica y una sensación salina muy interesante. Un vino vivo, de mínima intervención y sin sulfitos añadidos, perfecto para quien busca algo original y diferente.

Y finalmente llegamos al Vallès Occidental, junto al Penedès más cercano a Barcelona. En Can Morral del Molí elaboran La Quica, un xarel·lo sincero y delicado nacido de cepas de más de 60 años. El vino lleva el nombre de la abuela Quica, la matriarca de la casa, y transmite precisamente esta idea de calma, cotidianidad y autenticidad. Fermentado con levaduras indígenas y criado cuatro meses con lías en depósito inoxidable, es un vino fresco, ligero y directo. Aparecen notas de pera, manzana y flores blancas, con una acidez marcada y un final largo que lo hace especialmente refrescante. Sin sulfitos añadidos y elaborado con mínima intervención, es de aquellos vinos que entran fácil y dejan recuerdo.
Tres vinos diferentes, tres territorios y tres maneras de entender el vino. Pero todos comparten una misma virtud: encajan perfectamente con aquel primer calor que pide terraza, amistad y una botella abierta en medio de la mesa.