Vinicius Junior ha explicado en varias ocasiones que buena parte de su manera de entender el éxito nace de la educación que recibió en casa. El futbolista del Real Madrid reconoce que su padre le inculcó desde muy pequeño dos ideas que todavía mantiene presentes: humildad y esfuerzo. Incluso ahora, convertido en una estrella mundial, sigue recurriendo a él antes de darse determinados caprichos.
El ejemplo más llamativo tiene que ver con los relojes. Vinicius ha contado que, cuando era niño, su padre utilizaba pequeños objetivos deportivos para enseñarle que cada recompensa debía ganarse. “Me ponía metas para mí, al principio tenía que marcar veinte goles o diez asistencias para poder comprar el reloj”, recordó en una entrevista con GQ.
Los premios siempre llegaban después de cumplir objetivos
Aquella dinámica no tenía tanto que ver con el valor material del reloj como con el mensaje que había detrás. Antes de conseguir algo que quería, debía demostrar constancia, disciplina y capacidad para cumplir una meta. Marcar goles o repartir asistencias se convirtió así en una manera de aprender que el esfuerzo debía preceder siempre a la recompensa.
Con el paso de los años, ese método terminó formando parte de su mentalidad competitiva. Vinicius ya no necesita alcanzar una cifra concreta para recibir un premio familiar, pero continúa viviendo el fútbol a través de objetivos. Goles, asistencias, títulos y rendimiento siguen funcionando como parámetros con los que se exige mejorar temporada tras temporada.
Ni el éxito ha eliminado la influencia de su padre
Lo más significativo es que esa relación no ha desaparecido pese al cambio radical en su situación económica. Vinicius puede permitirse prácticamente cualquier reloj que quiera, pero sigue sintiendo la necesidad de consultar a su padre antes de comprar uno. “Hoy todavía le pregunto a mi padre antes de comprar un reloj”, admite. Ese gesto explica mejor que cualquier discurso hasta qué punto mantiene presente la educación que recibió. No se trata de necesitar permiso realmente, sino de conservar una referencia que le recuerda de dónde viene y qué valores marcaron sus primeros años.
El niño que debía llegar a veinte goles o diez asistencias para ganarse un reloj se convirtió en uno de los futbolistas más reconocidos del mundo. Sin embargo, hay algo que no ha cambiado. Antes de darse determinados caprichos, Vinicius sigue recurriendo a la persona que le enseñó que tener éxito nunca debía significar perder la humildad.
