El debate sobre cómo bajar el precio de la vivienda vuelve a situarse en el centro de la agenda política y económica, pero no todas las soluciones planteadas convencen a los expertos. Sergio Ibáñez, especialista en mercado inmobiliario, lanza una advertencia clara para eliminar impuestos como el IVA no solo no abarata los pisos, sino que puede acabar encareciéndolos aún más. Una afirmación que choca con muchos discursos políticos, pero que, según explica, responde a una lógica económica difícil de esquivar.
Y es que, según Ibáñez, las ayudas públicas y las rebajas fiscales aplicadas sin una estrategia de fondo suelen tener efectos perversos. “Muchas veces se anuncian como medidas para facilitar el acceso a la vivienda, pero acaban trasladándose al precio final”, sostiene. El resultado, insiste, es que el comprador cree pagará menos, pero el mercado ajusta al alza y neutraliza cualquier supuesto beneficio, subiendo precios.
La reducción de impuestos no baja los precios
La clave del problema, según el experto, está en que reducir impuestos como el IVA incrementa la demanda de vivienda, pero no altera la oferta disponible. “Si de repente hay más personas con capacidad para comprar, pero el número de pisos sigue siendo el mismo, los precios suben”, explica. En ese contexto, los principales beneficiados son los propietarios, mientras que compradores e inquilinos no notan alivio alguno en su bolsillo.
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Ibáñez advierte además de que estas medidas pueden generar una falsa sensación de solución inmediata. Por eso considera que insistir en rebajas fiscales sin actuar sobre la raíz del problema solo sirve para aplazarlo y hacerlo más grave a medio plazo.
Aumentar la oferta, la única salida real
Frente a este escenario, el experto defiende una receta mucho menos popular políticamente, pero más eficaz: aumentar de forma masiva la oferta de vivienda. Según Ibáñez, la única manera de que los precios bajen de forma natural es construir más. Solo cuando la oferta supere claramente a la demanda, sostiene, el mercado empezará a corregirse por sí solo.
La realidad es que mientras no se incremente el parque de viviendas, cualquier estímulo a la demanda seguirá tensionando los precios. Por ello, Ibáñez insiste en que las políticas públicas deben centrarse en facilitar la construcción, agilizar trámites y generar suelo disponible, en lugar de confiar en ayudas que acaban beneficiando a quienes ya son propietarios. Así pues, bajar el precio de la vivienda no pasa por eliminar impuestos, sino por afrontar el problema estructural que lleva años sin resolverse.