Cuando una persona jubilada obtiene el reconocimiento de dependencia grado 2 o grado 3, el sistema público activa una serie de ayudas económicas y servicios pensados para facilitar su vida diaria y la de las personas que la cuidan. Estas prestaciones forman parte del sistema de atención a la dependencia y están destinadas a quienes necesitan apoyo frecuente para realizar actividades básicas.

El reconocimiento de estos grados implica que la persona necesita asistencia de forma habitual para tareas cotidianas como vestirse, moverse por la casa, preparar comida o mantener su higiene personal. Por ese motivo, las administraciones públicas ponen en marcha distintas medidas de apoyo económico y asistencial.

Prestaciones económicas y servicios disponibles

Una de las ayudas más conocidas es la prestación económica para cuidados en el entorno familiar. Está dirigida a personas dependientes que son atendidas por un familiar en su propio domicilio. En estos casos, se concede una cuantía mensual destinada a compensar el cuidado que recibe la persona mayor. Además, este sistema permite que el cuidador familiar pueda estar dado de alta en la Seguridad Social, lo que implica que se generan cotizaciones mientras presta ese apoyo.

Una jubilada caminando

Otra de las opciones disponibles es la prestación para contratar un asistente personal. Esta ayuda está pensada para personas con dependencia severa o gran dependencia que necesitan apoyo continuado para poder realizar actividades diarias o mantener cierta autonomía dentro de su entorno habitual. También existe la prestación destinada a financiar servicios profesionales de atención, que pueden incluir ayuda a domicilio, centros de día, teleasistencia o incluso la estancia en residencias especializadas.

Por qué estas ayudas empiezan en el grado 2

La normativa establece que estas ayudas más completas se conceden a partir del grado 2 de dependencia porque en ese nivel ya se considera que la persona necesita apoyo frecuente para desenvolverse en su vida diaria. En estos casos, la asistencia no es puntual, sino que requiere supervisión y apoyo continuado para garantizar la seguridad y el bienestar del afectado.

Para acceder a estas prestaciones es necesario iniciar un proceso a través de los servicios sociales de la comunidad autónoma. Primero se realiza una valoración oficial del grado de dependencia y, una vez reconocido, se elabora un plan individualizado de atención donde se determina qué tipo de ayuda o servicio se adapta mejor a la situación de la persona mayor.