Tal día como hoy del año 1547, hace 479 años, en Úbeda (reino de Granada–Corona castellanoleonesa) moría Francisco de los Cobos y Molina, que había sido primer consejero de Estado (figura equivalente a primer ministro) del emperador Carlos. Anteriormente al reinado de Carlos, Cobos ya había hecho una carrera meteórica –siempre a la sombra de sus familiares– que lo había llevado a las altas instancias de la administración castellanoleonesa. Durante esta primera etapa de su carrera fue contador mayor del reino de León (equivalente a tesorero real en Francia o en Inglaterra y a escribano de ración en la Corona catalanoaragonesa). Pero después de la muerte de Fernando el Católico y durante la regencia del cardenal Cisneros (1516-1518), se produciría una destitución masiva de cargos que le afectó.

Cobos viajó hasta Bruselas y, después de varias entrevistas con el núcleo duro del nuevo rey de la monarquía hispánica –el futuro emperador Carlos–, conseguiría ganarse la confianza del monarca. Sería nombrado canciller y, durante los años inmediatamente posteriores, sería el consejero real de origen hispánico más poderoso de la administración del emperador. Categoría que confirmaría en 1528, cuando relevaría a Mercurino Gattinara, primer consejero de Estado. A la condición de segundo hombre más poderoso de los estados Habsburgo –solo superado por el emperador– sumaría la de ser uno de los más ricos del Imperio, circunstancia que aprovecharía para –haciendo uso de la información privilegiada que manejaba– acumular un extraordinario patrimonio, adquirido de forma ventajosa y, a veces, incluso fraudulenta.

Cobos se convertiría en el paradigma de un sistema corrupto que privilegiaba la usurpación del patrimonio público. En el transcurso de su carrera política como canciller del emperador Carlos acumularía un patrimonio estimado en doce millones de ducados castellanos (el equivalente actual a unos 1.500 millones de euros), que consiguió, básicamente con la apropiación de una serie de explotaciones salineras (un negocio muy rentable que siempre había sido propiedad de la corona) en Andalucía oriental, Murcia, Navarra, La Mancha y Nicaragua; y con el estanco de tabaco en toda Andalucía occidental (otra actividad que generaba mucho beneficio y que, también, era gestionada por la administración real). Con la eclosión de la primera gran crisis financiera hispánica (1539) abandonaría la cancillería y se retiraría a sus propiedades.