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Rodri Hernández afronta un momento decisivo. Después de liderar a España en el Mundial de 2026, el centrocampista se encuentra en negociaciones para fichar por el FC Barcelona. El club azulgrana ya ha presentado ofertas al Manchester City, aunque todavía no existe un acuerdo definitivo. Su futuro vuelve a ponerlo ante otra decisión importante.

La serenidad que muestra actualmente no siempre estuvo presente. Antes de ganar el Balón de Oro y convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo, fue un niño incapaz de aceptar un mal partido. Su principal rival nunca estuvo enfrente. Era él mismo y una autoexigencia demasiado grande para su edad.

Rodri y Gavi 

La autoexigencia ha llevado a Rodri a lo más alto

Rodri explicó en The Players’ Tribune cuánto le afectaba su rendimiento. “Con 10 años, si jugaba un partido y no lo hacía bien, no podía hablar con mis padres en todo el día”, recordó. Para su madre resultaba difícil comprender aquella reacción. Desde fuera solamente era un juego. Para él significaba mucho más.

Analizaba cada acción. Quería entender el fútbol y corregir cualquier fallo. “En mi casa estaban hartos de que yo viera tanto fútbol”, reconoció en una entrevista con El País. Su formación comenzó en el Rayo Majadahonda. Después ingresó en la cantera del Atlético de Madrid, donde permaneció entre 2007 y 2013.

El club rojiblanco terminó descartándolo porque no cumplía el perfil físico esperado. Rodri era demasiado bajo. Aquel golpe pudo cerrar su camino. Sin embargo, el Villarreal le ofreció otra oportunidad. Con 17 años dejó Madrid y se instaló lejos de su familia. La experiencia resultó mucho más dura de lo imaginado.

Un día sintió que no podía continuar. “Dije basta. Llamé a mi padre llorando y con la sensación de que todo había acabado”, contó durante su discurso del Balón de Oro. Su padre no le permitió tirar la toalla. Le recordó que había llegado demasiado lejos para abandonar precisamente entonces.

Kroos y Rodri EFE

La condición familiar para que Rodri siguiera jugando al fútbol

La familia aceptó que persiguiera su sueño, pero impuso una condición. Los estudios no eran negociables. Rodri se matriculó en Administración y Dirección de Empresas en la Universitat Jaume I. Entrenaba por la mañana y acudía a clase por la tarde. Al principio combinaba bicicleta y tranvía para llegar a la ciudad deportiva.

Después pidió un vehículo barato. Su padre encontró un Opel Corsa de segunda mano. Sus compañeros se burlaban, pero a él le encantaba. El Villarreal terminó abriéndole la puerta de Primera. En 2018 regresó al Atlético. Un año después fichó por el Manchester City de Pep Guardiola.

Rodri Hernandez Balon de Oro EFE

Ahora podría regresar al fútbol español para dirigir el centro del campo del Barça. El Manchester City ha rechazado las primeras propuestas y exige una cantidad superior, mientras el jugador vería con buenos ojos la operación.