El bochorno no aparece únicamente cuando el termómetro marca temperaturas extremas. Roberto Brasero recuerda que la humedad puede transformar por completo la manera en que el cuerpo percibe el calor. Por eso, dos días con la misma temperatura pueden resultar muy diferentes: uno puede sentirse soportable y otro pesado, pegajoso y agotador desde primera hora.
La explicación está en el sudor. El organismo utiliza su evaporación para liberar calor y mantener estable la temperatura corporal. Cuando el aire contiene mucha humedad, esa evaporación se vuelve más lenta y el cuerpo pierde eficacia para refrigerarse. El resultado es una sensación térmica superior a la temperatura real, acompañada de mayor cansancio y malestar.
La humedad impide que el sudor enfríe correctamente
En ambientes secos, el sudor puede evaporarse con mayor facilidad y retirar calor de la piel. En cambio, cuando el aire está cerca de la saturación, permanece sobre el cuerpo y aumenta la sensación pegajosa. Esto explica por qué una jornada de 30 grados en una zona costera puede sentirse más incómoda que otra más cálida en un lugar seco.
El viento también modifica la percepción. Una brisa ayuda a renovar el aire húmedo que rodea la piel y favorece la evaporación, mientras que la ausencia de movimiento intensifica el bochorno. Por eso, abrir ventanas enfrentadas, utilizar ventiladores o buscar espacios ventilados puede proporcionar alivio incluso sin reducir realmente la temperatura de una habitación.
El termómetro no cuenta toda la historia del calor
Para valorar correctamente una jornada calurosa conviene observar la humedad relativa y la sensación térmica, no solo los grados. También es importante hidratarse, evitar esfuerzos en las horas centrales y prestar atención a niños, mayores y personas con enfermedades crónicas, porque su organismo puede responder peor cuando la evaporación del sudor resulta insuficiente.
La realidad es que el bochorno no es una impresión exagerada ni una simple forma de hablar. Es la respuesta del cuerpo ante un ambiente que dificulta su refrigeración natural. La humedad cambia por completo lo que sentimos y puede hacer que una temperatura moderada resulte agotadora. Además, la ropa poco transpirable y los espacios cerrados agravan la incomodidad y dificultan todavía más que el calor corporal escape. Entenderlo permite interpretar mejor las previsiones y protegerse antes de que el calor húmedo se convierta en un problema.
