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Raphinha afronta su quinta temporada en el FC Barcelona convertido en un futbolista decisivo con regularidad. Compite al máximo nivel, disputa grandes títulos y vive una realidad muy distinta a la de sus primeros años. Detrás del éxito permanece la historia de un adolescente que entrenaba lejos de casa y podía pasar horas sin probar comida.

Raphael Dias Belloli nació en Restinga, un barrio humilde de Porto Alegre. Allí convivió con precariedad, delincuencia y tráfico de drogas durante su infancia. El peligro formaba parte del paisaje cotidiano. Muchos jóvenes encontraban caminos rápidos para ganar dinero. Él también vio esas tentaciones de cerca, pero logró mantenerse concentrado en el fútbol gracias a su familia.

Raphinha

Raphinha supo desde muy joven lo que era luchar en la vida

Sus padres le inculcaron disciplina, trabajo y responsabilidad. En casa, según ha explicado, nunca faltó un plato de comida. El problema aparecía durante las largas jornadas de entrenamiento. Entre los 12 y los 14 años podía permanecer ocho o nueve horas sin comer, durante aquellas jornadas. Solo guardaba el dinero necesario para regresar en autobús.

El hambre lo obligó algunas veces a pedir ayuda. “Me paraba en la calle y le pedía a la gente que me comprara algo para comer”, contó en una entrevista con UOL Esporte. Algunas personas colaboraban. Otras lo insultaban y lo llamaban vagabundo. Raphinha soportaba aquella humillación porque necesitaba alimentarse después de entrenar.

Su batalla no consistía únicamente en mejorar con el balón. También debía evitar aquello que atrapaba a otros adolescentes. El propio jugador recuerda haber perdido amigos por el crimen y el narcotráfico en demasiadas ocasiones. Algunos, asegura, tenían incluso más talento futbolístico. Las oportunidades fáciles aparecían constantemente, pero podían cerrar para siempre cualquier puerta hacia una vida diferente.

Raphinha Barca

El trabajo duro y la disciplina le llevaron a lo más alto

Raphinha considera que su verdadera magia no está en regatear o marcar goles. Está en haber escapado de aquel entorno sin desviarse. El apoyo familiar fue decisivo para mantener los pies en el suelo en cada jornada. Cada entrenamiento suponía un esfuerzo enorme. Cada viaje en autobús representaba otro pequeño paso hacia una oportunidad todavía incierta.

Su carrera terminó llevándolo a Europa. Después de destacar en el Leeds United, el Barcelona pagó 48 millones de euros fijos y otros 12 en variables por su fichaje. El extremo encontró su sitio en el conjunto azulgrana y se convirtió en una pieza importante en la élite. Aquel sacrificio adolescente comenzaba finalmente a cobrar sentido.