Raphinha recuerda la infancia que dejó atrás: “Con 12 años pedía a la gente que me comprara comida”

Raphinha vive hoy instalado en la élite del fútbol europeo, pero su infancia estuvo muy lejos de los focos, los grandes estadios y los contratos millonarios. El brasileño ha recordado una de las imágenes que mejor resume aquellos años, después de entrenar, con apenas 12 o 13 años, se quedaba esperando el autobús y pedía a la gente que pasaba por la calle que le comprara algo para comer. No porque en su casa faltara comida, algo que él mismo ha querido matizar, sino porque muchas veces no tenía nada a mano después de las sesiones.

“Después del entrenamiento, me paraba en la calle y le pedía a la gente que me comprara algo para comer”, explicó al recordar aquella etapa. Algunas personas le ayudaban. Otras, según contó, le llamaban directamente “vagabundo”. Para un adolescente que soñaba con ser futbolista, aquellas escenas formaban parte de una rutina mucho más dura de lo que ahora puede parecer.

Esperar el autobús con hambre después de entrenar

Raphinha tenía entre 12 y 14 años cuando vivía esta situación. Tras los entrenamientos, si nadie le compraba nada, simplemente tenía que esperar a llegar a casa para poder comer. No habla de una infancia sin alimento, sino de una realidad económica ajustada, con desplazamientos largos y pocos recursos para resolver algo tan sencillo como comprar un refrigerio después de jugar al fútbol.

Raphinha celebrant gol
Raphinha celebrant gol

Ese contexto también estaba marcado por el barrio en el que creció. Raphinha ha explicado que convivió de cerca con el crimen y el narcotráfico y que vio cómo varios amigos, algunos de ellos incluso más talentosos que él con el balón, acababan alejándose del fútbol. Su familia, según ha reconocido, fue decisiva para mantenerlo centrado en los estudios y en su objetivo deportivo.

El fútbol fue la salida que nunca quiso abandonar

Con el paso de los años, aquella etapa se convirtió en una parte esencial de su carácter. Raphinha ha insistido en que su verdadera “magia” no fue únicamente tener talento, sino mantenerse enfocado cuando a su alrededor existían caminos mucho más fáciles y peligrosos. La distancia entre aquel niño que esperaba el autobús y el futbolista que hoy compite al máximo nivel es enorme, pero él no ha querido borrar ese recuerdo. Al contrario, lo utiliza para explicar de dónde sale su disciplina y por qué da tanto valor a todo lo conseguido.

Su historia no es la de alguien que pasó hambre constantemente, porque él mismo rechaza esa interpretación. Es la de un adolescente con pocos recursos inmediatos que, algunos días, dependía de la generosidad de un desconocido para comer algo después de entrenar. Y esa imagen ayuda a entender mejor todo lo que tuvo que recorrer antes de llegar hasta el Barça.