Ramón Romero ha lanzado una advertencia especialmente útil para quienes asocian la vejez únicamente con el paso del tiempo: “Vivir en piloto automático es la trampa más silenciosa de la vejez”. El fisioterapeuta no habla solo de repetir horarios, sino de dejar de elegir, moverse, aprender o enfrentarse a pequeñas novedades porque cada día termina siendo una copia del anterior.
Las rutinas ofrecen seguridad y ayudan a organizarse, pero pueden volverse limitantes cuando eliminan cualquier estímulo nuevo. Levantarse, sentarse siempre en el mismo lugar, recorrer únicamente trayectos conocidos y evitar actividades distintas reduce progresivamente las demandas físicas y mentales. El problema no aparece de golpe: se instala sin ruido, hasta que la persona descubre que ha perdido capacidades que antes utilizaba con normalidad.
La comodidad puede reducir la autonomía
Desde la fisioterapia geriátrica se insiste en que muchas limitaciones atribuidas automáticamente a la edad también están relacionadas con el desuso. Si una persona deja de agacharse, cargar bolsas, subir escaleras o caminar a ritmos diferentes, su cuerpo se adapta a esa menor exigencia. La fuerza, el equilibrio y la confianza disminuyen porque ya no reciben estímulos suficientes para mantenerse.
El piloto automático también afecta a la mente. Repetir siempre las mismas conversaciones, actividades y decisiones reduce la curiosidad y puede aumentar la sensación de que los días pasan demasiado rápido. Introducir cambios modestos, como aprender una receta, visitar un lugar nuevo, modificar una ruta o participar en una actividad colectiva, obliga al cerebro a prestar atención y devuelve intención a la vida cotidiana.
Envejecer activamente no exige grandes retos
Romper la rutina no significa viajar continuamente, apuntarse a actividades agotadoras ni convertir cada día en una competición. Puede bastar con levantarse de la silla varias veces, caminar por un recorrido diferente, hacer ejercicios de fuerza adaptados o quedar con alguien fuera del horario habitual. La clave es mantener capacidad de elección y no dejar que la comodidad decida siempre.
Romero defiende una vejez con independencia, autoeficacia y movimiento accesible. Su mensaje no pretende culpabilizar a quien necesita descanso o apoyo, sino recordar que conservar funciones exige utilizarlas. El piloto automático resulta peligroso porque parece inofensivo: no duele y facilita el día, pero puede estrechar poco a poco el mundo personal. La mejor defensa es introducir pequeños desafíos con sentido, mantener vínculos, cuidar el cuerpo y seguir tomando decisiones propias. Envejecer no obliga a vivir aceleradamente, pero tampoco debería significar dejar de participar activamente en la propia vida durante todos los años posibles.
