El Castell de Boixadors es uno de esos lugares que no suelen aparecer en las rutas turísticas más populares de Catalunya, pero que explican muy bien la historia del territorio. Situado sobre las sierras que dominan la meseta de Calaf, al norte de la comarca de l’Anoia, el castillo ofrece una combinación interesante de patrimonio medieval y paisajes espectaculares.

Construido en el siglo XI, el castillo formaba parte de la red defensiva y administrativa que consolidó el control feudal de este territorio, conquistado un siglo antes. Su ubicación no es casual: desde la colina donde se alza se controla visualmente una buena parte del altiplano, un espacio históricamente estratégico tanto para la defensa como para la organización del poblamiento rural.

Un castillo que explica el paso del tiempo

El conjunto arquitectónico que se puede ver hoy es el resultado de siglos de adaptaciones y reformas. El elemento más antiguo es la torre maestra, exenta, de planta circular y con tres niveles de altura, un modelo habitual en los castillos de frontera del siglo XI. Esta torre era el núcleo defensivo original y el símbolo de poder del lugar y una de las zonas con más historia de la región.

Con el paso del tiempo, especialmente a partir del siglo XIV, el castillo dejó de ser solo un punto militar. Se construyó un recinto amurallado que acogía los edificios residenciales de los señores, y más adelante se ampliaron estas dependencias con un torreón que reforzaba la protección del conjunto. Ya en el siglo XVI, el castillo incorporó elementos claramente vinculados a la vida cotidiana y productiva, como una tina de vino y un horno de pan, señales evidentes de que el espacio se había adaptado a usos más domésticos y agrícolas.

Este proceso de evolución hace que la visita sea especialmente interesante, porque permite entender cómo los castillos catalanes pasaron de ser estructuras defensivas a centros de vida señorial y rural.

La iglesia de Sant Pere, inseparable del castillo

A poca distancia del recinto principal, en un pequeño llano, se encuentra la iglesia de Sant Pere de Boixadors. Ya desde las primeras fases del castillo, este templo formó parte del conjunto. De origen románico, la iglesia experimentó diversas reformas góticas a lo largo de los siglos, lo que le da una fisonomía sencilla, pero con detalles arquitectónicos que reflejan esta evolución.

La relación entre castillo e iglesia ayuda a entender la organización social de la época, con el poder feudal y el religioso compartiendo espacio e influencia sobre el territorio.

Una visita tranquila y accesible

Hoy, el Castell de Boixadors es una buena propuesta para una escapada cultural tranquila, lejos del bullicio que podéis encontrar en otros lugares mucho más conocidos. Las visitas guiadas tienen lugar el primer domingo de cada mes, de 11:00 h a 13:30 h, y permiten conocer tanto la historia como los detalles arquitectónicos del conjunto.

El precio de la entrada es de 3 euros por persona, con entrada gratuita para los menores de 10 años acompañados de un adulto, las personas mayores de 65 años y los vecinos empadronados en el municipio. También se pueden concertar visitas para grupos a través del Ayuntamiento de Sant Pere de Sallavinera.