La ansiedad se ha convertido en una de las preocupaciones de salud mental más frecuentes en las sociedades occidentales. Cada vez más personas hablan de sentir ansiedad: antes de dormir, al enfrentarse a nuevas situaciones, en el trabajo o incluso sin motivo aparente. Según la psicóloga Paula Orell, una de las razones por las que la ansiedad persiste es que “sientes ansiedad porque intentas controlarla”. Esta afirmación invita a reconsiderar nuestra forma de relacionarnos con esta emoción y a entender cómo ciertas dinámicas culturales y personales pueden agravarla.
Ansiedad: un síntoma de la sociedad de consumo y el estrés occidental
La ansiedad no es una enfermedad, sino una respuesta natural del cuerpo ante una amenaza percibida. En situaciones de peligro real, esta respuesta nos ayuda a actuar con rapidez y protegernos. Sin embargo, en las sociedades modernas esa alarma se dispara por motivos mucho menos inmediatos: presión por el rendimiento, comparaciones constantes, saturación informativa y expectativas de éxito continuo.
En la sociedad de consumo occidental, se nos educa para buscar control y previsibilidad. Queremos controlar nuestro entorno, nuestras emociones, nuestros resultados y, sobre todo, el futuro. La publicidad, los ideales de logro personal y la cultura de la productividad contribuyen a que internalicemos la idea de que siempre deberíamos estar “bien”, “listas”, “preparados” y “en control”. Cuando algo no sale según lo planeado, surge ansiedad: ¿qué falla? ¿Por qué no puedo manejarlo?

Paula Orell explica que este intento de control no solo es inútil, sino que puede intensificar la ansiedad. Cuanto más tratamos de suprimir o dominar nuestras sensaciones internas, más atención les damos, y más poderosas se vuelven. Es como intentar no pensar en un elefante rosado: cuanto más nos concentramos en evitar pensar en ello, más presente está.
La ansiedad, cuando se cronifica, afecta la salud física y mental: fatiga constante, insomnio, tensión muscular, irritabilidad, dificultades de concentración, alteraciones digestivas o episodios de pánico son algunos de los efectos adversos. Además, vivir en un estado continuo de alerta consume recursos emocionales y energéticos, lo que puede desembocar en agotamiento o desmotivación.
Cómo se puede combatir la ansiedad
Lejos de intentar controlar la ansiedad, Paula Orell propone aceptarla como una emoción más, permitiéndonos experimentar lo que sentimos sin juicio. Este enfoque tiene varios pilares:
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Mindfulness y atención plena: En vez de pelear contra los pensamientos ansiosos, se aprende a observarlos sin identificarse con ellos. Esto reduce su intensidad y duración.
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Respiración y cuerpo: Técnicas simples de respiración profunda o consciencia corporal ayudan a disminuir la activación fisiológica que acompaña a la ansiedad.
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Descentralizar el control: Aceptar que hay aspectos de la vida que no podemos predecir ni controlar. En lugar de ello, cultivar flexibilidad y tolerancia a la incertidumbre.
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Expresar emociones: Hablar de cómo nos sentimos con personas de confianza o con un profesional reduce la carga interna y proporciona perspectiva.
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Rutinas saludables: Ejercicio regular, sueño adecuado y actividades creativas o sociales favorecen la regulación emocional.
Paula Orell enfatiza que el objetivo no es eliminar la ansiedad —lo cual es imposible— sino transformar nuestra relación con ella. Cuando dejamos de luchar contra cada síntoma y, en su lugar, cultivamos una actitud de curiosidad y aceptación, la ansiedad pierde su poder de imponerse. Así, en lugar de controlar cada emoción, aprendemos a responder con mayor serenidad y equilibrio ante los desafíos que presenta la vida moderna.
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♬ sonido original - Paula Orell Psicóloga
Aceptar la ansiedad, en palabras de Paula, no es resignación, sino liberación: soltar la necesidad de control para encontrar mayor bienestar y autenticidad emocional.