Marc Casadó se convirtió en uno de los protagonistas de última hora en el mercado de fichajes. El canterano del FC Barcelona, con el que Hansi Flick no cuenta, cerró un acuerdo con el Deportivo de la Coruña, donde jugará esta temporada en calidad de cedido. Tras diez años entre las categorías inferiores y el primer equipo, Casadó vestirá por primera vez una camiseta que no será la del Barça. Un cambio importante que sirve para recordar la historia publicada por El Periódico sobre su infancia. Porque antes de destacar en La Masia, Casadó ya sorprendía por su inteligencia, sus notas y su enorme competitividad.
El medio reconstruyó aquellos años hablando con profesoras de la Escola Joan Casas, en Sant Antoni de Vilamajor. Sus recuerdos dibujan a un alumno fuera de lo habitual. Una antigua docente lo definió como “un niño extremadamente inteligente”. Marc aprendía y obtenía notas excelentes sin aparentar demasiado esfuerzo. Las matemáticas, la estrategia y la argumentación eran algunas de sus grandes fortalezas.

Marc Casadó, alumno destacado en las aulas
Anna Roca, su tutora durante quinto y sexto de Primaria, conservó algunos de sus controles. La maestra había ejercido durante más de tres décadas, pero encontraba en aquellas respuestas algo especial. “Los únicos exámenes que guardé eran los suyos. Porque eran perfectos”, explicó. Casadó resolvía las pruebas con tanta precisión que sus exámenes servían como modelo para corregir.
Esa brillantez convivía con un carácter inquieto. Sus profesoras recuerdan a un niño alegre, pícaro y lleno de energía. Casadó quería ganar y siempre pedía un poco más. En ocasiones, los adultos tenían que pisar el freno. Una docente le advirtió que podría conseguir lo que quisiera, aunque debía aprender a controlar su espontaneidad. Marc ya mostraba entonces la ambición que después llevaría al campo.
El fútbol ocupaba cualquier momento libre. Su madre recuerda que jugaba dentro de casa con pelotas fabricadas con papel de periódico y cinta adhesiva. La familia intentaba evitar golpes contra muebles, paredes y radiadores. Casadó probó también el balonmano, pero eligió definitivamente el balón en los pies. El pequeño convertía cualquier rincón en un terreno de juego.

Culé hasta la médula
Sus primeros entrenadores en el Vilamajor detectaron rápidamente una visión poco común. Marc marcaba, asistía y se colocaba. Ellos lo llamaban “nuestro Busi” por su forma de interpretar el centro del campo. El niño también ayudaba a recoger y organizar el material. Después pasó por Sant Celoni, Granollers y Damm. El Barça, el Espanyol y el Valencia llamaron a su puerta en 2016, pero él eligió el club de sus sueños.
La Masia terminó de formar al futbolista junto a jóvenes como Alejandro Balde, Fermín López y Xavi Simons. Casadó esperó pacientemente su estreno liguero hasta recibir la oportunidad contra el Atlético. Ahora deberá volver a empezar lejos de Barcelona.