Luis de la Fuente nunca ha perdido el vínculo con Haro, la localidad riojana en la que nació y pasó buena parte de su infancia. Mucho antes de convertirse en futbolista profesional y después en seleccionador de España, su vida estaba marcada por la familia, la calle y un entorno en el que el fútbol aparecía de forma natural, sin academias ni grandes estructuras alrededor.
En una entrevista con La Vanguardia, De la Fuente recordaba aquellos años con una mezcla de sencillez y nostalgia. “En Haro jugaba mucho en la calle, disfrutaba mucho de mi familia. Éramos cinco hermanos, mi padre era marino mercante y navegó durante casi 40 años”, explicaba al hablar de una infancia muy distinta a la que viven hoy muchos jóvenes futbolistas.
Una familia numerosa y un padre casi siempre navegando
Crecer con cuatro hermanos marcó su manera de relacionarse desde pequeño. Compartir espacio, juegos y rutinas familiares formaba parte del día a día, mientras la profesión de su padre imponía otro tipo de realidad. Ser marino mercante significaba pasar largas temporadas fuera de casa y convivir con ausencias prolongadas.
De la Fuente siempre ha hablado de la familia como una referencia fundamental. El esfuerzo de su padre, que pasó cerca de cuatro décadas navegando, representaba una forma de entender el trabajo basada en la constancia, la responsabilidad y el sacrificio.
Haro fue también el lugar donde empezó todo con el fútbol
La calle era el gran campo de entrenamiento. Como tantos niños de su generación, jugaba durante horas sin pensar todavía en convertir aquello en una profesión. Haro fue el escenario de esos primeros contactos con el balón y también el lugar al que ha seguido ligado incluso después de construir una carrera que lo llevó muy lejos de La Rioja. Con el tiempo, el fútbol profesional terminó apareciendo y cambiándolo todo. Primero como jugador, después como entrenador y finalmente como seleccionador, De la Fuente ha vivido prácticamente toda su vida alrededor del deporte.
Pero cuando recuerda sus orígenes, no empieza hablando de estadios ni de títulos. Habla de cinco hermanos, de jugar en la calle y de un padre que se pasó casi 40 años navegando. Esa infancia ayuda a entender por qué De la Fuente concede tanta importancia al trabajo silencioso y a la constancia. Antes de que el fútbol le diera una profesión, Haro y su familia ya le habían enseñado que detrás de cualquier oportunidad suele haber muchos años de esfuerzo.
