La Ley de Vivienda establece límites claros sobre la información económica que los propietarios pueden solicitar a los inquilinos. En este sentido, lejos de vetar el accceso a toda la información, la normativa protege al arrendatario, pero dentro de un marco legal que permite al propietario evaluar la solvencia de forma razonable sin incurrir en el uso de información sensible y privada.

El objetivo de la ley es proteger la privacidad del inquilino y evitar abusos en la solicitud de datos sensibles. El propietario solo puede exigir información necesaria y proporcionada para garantizar que el arrendatario puede cumplir con el pago del alquiler, pero no cualquier dato económico que se considere excesivo o irrelevante. Esto incluye documentos financieros que antes eran habituales en los contratos de arrendamiento y que ahora se consideran excesivos.

Qué información no está obligado a aportar el inquilino

Según la Ley de Vivienda y la Ley de Arrendamientos Urbanos, el inquilino no está obligado a entregar documentos como su declaración de la renta, extractos bancarios, historial de deudas o información sobre su patrimonio. La normativa define estos datos como “sensibles” y protege al arrendatario frente a solicitudes abusivas que vulneren su privacidad.

Viviendas en alquiler. Foto Freepik
Viviendas en alquiler. Foto Freepik

Esto significa que los propietarios no pueden condicionar el contrato a la entrega de información económica excesiva. Solo pueden solicitar datos que sean razonablemente necesarios para evaluar la capacidad de pago del inquilino, como referencias laborales o, en algunos casos, garantías externas. La ley pone un límite claro para evitar discriminación o presión indebida.

Por qué esta medida es relevante

La protección de los datos personales es uno de los aspectos más importantes de la Ley de Vivienda. Permite a los inquilinos negociar contratos sin miedo a revelar información financiera excesiva y reduce prácticas abusivas que antes eran frecuentes en el mercado del alquiler. Además, refuerza la seguridad jurídica ya que los propietarios que exijan datos innecesarios podrían enfrentarse a sanciones administrativas o nulidad de cláusulas dentro del contrato. La ley, en este sentido, busca equilibrar los derechos del arrendador y la protección del arrendatario.

En definitiva, aunque el propietario necesita evaluar la solvencia de quien va a ocupar la vivienda, la Ley de Vivienda deja claro que los inquilinos no tienen obligación de aportar información económica sensible o desproporcionada. Este cambio refuerza la privacidad, protege a los arrendatarios y evita prácticas abusivas en el mercado del alquiler.