Hoy resulta difícil separar a Lamine Yamal del fútbol de élite. Con 19 años ya ha ganado la Eurocopa y el Mundial. Ha regresado a los entrenamientos del Barcelona con otro título bajo el brazo. Sin embargo, detrás de esa carrera aparece una infancia menos sencilla de lo que reflejan los focos.
El futbolista habló sobre aquella etapa en una entrevista con DAZN. No quiso presentar su niñez como una historia perfecta. Tampoco la recordó desde el resentimiento. “No tuve la mejor infancia del mundo, pero mi madre hacía que no viera nada malo”, explicó al describir el esfuerzo de Sheila Ebana.
La madre de Lamine Yamal ha sido clave para conseguir el éxito
La frase resume el papel que su madre desempeñó en Rocafonda. Sheila no podía evitar todas las dificultades. Sí podía impedir que dominaran la mirada de su hijo. Se encargaba de enseñarle la parte amable de cada día. Protegía su infancia sin ocultarle los valores del esfuerzo, la humildad y la responsabilidad.
Lamine reconoce aquella forma de cuidarlo. “Siempre le digo a mi madre que le agradezco mucho porque, tan difícil como lo tenía ella, hizo que yo viera todo lo bueno”, añadió. No fue un camino de rosas. Pero Sheila consiguió que los problemas nunca ocuparan todo el espacio.
El jugador se refiere a ella como “mi primer gran amor”. La expresión revela un vínculo que va mucho más allá del acompañamiento deportivo. Sheila nació en Guinea Ecuatorial y ha defendido públicamente las raíces de su hijo. Cuando algunos cuestionaron su origen, respondió: “Mi hijo es ecuatoguineano”.
Su padre, Mounir Nasraoui, también forma parte de ese apoyo. Ambos progenitores han sido fundamentales en su crecimiento personal y profesional. Lamine ha llegado a la élite rodeado por una familia que conocía sus capacidades, pero que debía ayudarle a mantener los pies en el suelo mientras todo avanzaba a gran velocidad.
El peso de su abuela en su infancia es enorme
Otra figura fundamental es Fátima, su abuela paterna de 73 años. Sus consejos son sencillos y están alejados de cualquier charla táctica. Le pide que no vista ropa negra, que sonría y que cuide a sus padres. Son recomendaciones cotidianas. Precisamente por eso ayudan a comprender el entorno del futbolista.
Ahora Lamine vuelve al Barcelona como campeón del mundo. La atención será mayor. Llegarán nuevas expectativas, críticas y responsabilidades. Pero su historia no comienza con un trofeo ni con un debut. Empieza con una madre que, pese a tenerlo difícil, decidió que su hijo conservara los mejores recuerdos posibles.
