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Lamine Yamal vive ahora rodeado de focos, títulos y reconocimientos. El futbolista del FC Barcelona se ha convertido en una estrella mundial siendo muy joven. Sin embargo, su forma de entender la presión no nace en los estadios. El delantero aprendió desde pequeño lo que significa ver a una familia esforzarse para llegar a fin de mes.

El jugador recuerda las jornadas laborales de sus padres. Ambos eran jóvenes y debían mantener la casa. El trabajo les impedía acompañarlo siempre. Aquella ausencia no respondía a una falta de cariño. Era una necesidad. “Ves a tus padres trabajar sin poder estar contigo y te pones nervioso”, explicó Lamine en una ocasión. El niño comprendió muy pronto que sus padres estaban sacrificando tiempo para asegurarle un futuro.

Lamine Yamal gol Levante Barça EFE

Lamine Yamal no olvida sus orígenes

El futbolista considera que esa responsabilidad era una presión mucho más dura que disputar un partido decisivo. Sus padres tenían que pagar gastos, trabajar y procurar que su hijo fuera feliz. También querían comprarle regalos cuando podían. Lamine sostiene que sacar adelante una familia representa la presión verdadera y la más difícil de soportar.

Su infancia transcurrió principalmente en Rocafonda, un barrio de Mataró marcado por la diversidad cultural. Lamine nació en Esplugues de Llobregat el 13 de julio de 2007. Sin embargo, Rocafonda construyó buena parte de su identidad. El joven continúa mostrando con orgullo el vínculo con el lugar donde dio sus primeros pasos.

Lamine Yamal y su madre, Sheila Ebana Instagram

El Barça cambió su vida y la de su familia

La separación de sus padres también condicionó aquellos años. La pareja tomó caminos diferentes cuando Lamine tenía tres años. El niño tuvo que adaptarse a una estructura familiar distinta. Su abuela adquirió entonces una importancia enorme. Ella se convirtió en uno de sus grandes apoyos y ayudó a mantener unida su relación con los orígenes.

Mounir Nasrauoi Lamine Yamal padre

El fútbol apareció muy pronto. El FC Barcelona descubrió a Lamine cuando tenía seis años y lo invitó a entrenarse en La Masia. Un año después, el club incorporó al pequeño a su estructura. La oportunidad cambió su vida. También le exigió abandonar parte de la rutina habitual de cualquier niño. El talento abrió una puerta enorme, pero la familia tuvo que arrimar el hombro para que pudiera cruzarla.

La fama no ha borrado esos recuerdos. Lamine sabe que sus padres asumieron preocupaciones económicas mientras él perseguía un sueño. Esa conciencia explica por qué suele hablar de ellos con admiración. El jugador puede convivir ahora con la presión deportiva porque antes observó la lucha dentro de casa.