El telescopio más potente podría estar delante de nosotros: solo habría que utilizar la gravedad del Sol

El telescopio James Webb nos ha mostrado cosas increíbles y es el mejor que tenemos pero, ¿y si el telescopio más potente que pudiéramos utilizar para observar otros mundos ya existiera? No tendríamos que construirlo ni colocar un enorme espejo en el espacio. Sería mucho más sorprendente: podríamos utilizar el propio Sol.

La idea parece sacada de una película de ciencia ficción, pero se basa en una consecuencia de la teoría de la relatividad general de Einstein. La enorme masa del Sol curva el espacio-tiempo y, como consecuencia, también puede desviar la trayectoria de la luz que pasa cerca de él. Este fenómeno se conoce como lente gravitatoria y ya se ha observado utilizando galaxias y cúmulos de galaxias como auténticas lentes naturales.

Un telescopio construido por la gravedad

La idea consiste en enviar una nave espacial muy lejos del Sol, hasta una región situada a más de 550 unidades astronómicas, donde la gravedad de nuestra estrella podría empezar a utilizarse para concentrar la luz procedente de objetos muy lejanos.

Para hacerse una idea de lo que significa esa distancia, basta con compararla con Voyager 1, la nave humana que más lejos ha viajado. Actualmente se encuentra a poco más de 160 UA del Sol, por lo que una misión de este tipo tendría que viajar más de tres veces más lejos.

¿Y para qué? La clave está en que el Sol no solo emite luz, también tiene suficiente masa como para curvar el espacio-tiempo a su alrededor. Eso hace que la luz que pasa cerca de nuestra estrella no siga una trayectoria completamente recta, sino que se desvíe ligeramente.

Normalmente ese efecto es tan pequeño que apenas nos damos cuenta de que existe. Pero si colocamos una nave en el lugar adecuado, podemos intentar aprovecharlo. La luz procedente de un objeto situado muy lejos, como un exoplaneta, pasaría alrededor del Sol y llegaría hasta la nave después de haber sido desviada y concentrada por la gravedad de nuestra estrella.

Desde esa posición, la luz no llegaría como una imagen normal del planeta. Formaría alrededor del Sol una estructura conocida como anillo de Einstein, que contendría la información del objeto observado.

sol nemesis
El Sol podría ser nuestro mejor telescopio

La nave tendría que desplazarse con enorme precisión para recoger diferentes partes de la señal y, mediante algoritmos, reconstruir la imagen del objeto situado al otro lado del Sol. No sería una fotografía convencional, sino una imagen creada a partir de todas esas mediciones.

En teoría, la lente gravitatoria solar podría ofrecer una amplificación y una resolución muy superiores a las de cualquier telescopio convencional. Por eso se ha estudiado su posible utilización para observar exoplanetas situados a años luz y, al menos sobre el papel, llegar a estudiar detalles de sus superficies.

El problema es que hacer realidad esta idea sería extremadamente complicado. No existe actualmente una misión capaz de hacerlo y la nave tendría que viajar más allá de 550 UA, además de mantener una alineación casi perfecta con el Sol y el planeta que quisiera observar.

Aun así, la propuesta resulta fascinante porque no plantea construir un telescopio gigantesco, sino utilizar la gravedad del propio Sol como parte del instrumento. Nuestra estrella lleva miles de millones de años curvando la luz que pasa cerca de ella; solo tendríamos que encontrar la forma de colocar una nave en el lugar adecuado para aprovecharlo.

Si algún día lo conseguimos, el Sol podría convertirse en una herramienta para estudiar mundos situados a años luz con un nivel de detalle que hoy parece imposible. Y lo más sorprendente es que ese telescopio gigantesco no tendríamos que construirlo: ya estaba ahí desde el principio.