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Cuando se habla de prevenir caídas en personas jubiladas, casi todo el mundo piensa inmediatamente en fortalecer piernas, glúteos o tobillos. Sin embargo, hay otro trabajo igual de importante y muchas veces olvidado: entrenar el tronco. Un abdomen y una zona lumbar capaces de estabilizar el cuerpo ayudan a reaccionar mejor ante un tropiezo, mantener la postura y recuperar el equilibrio antes de que una pequeña pérdida de estabilidad termine en el suelo.

No hace falta hacer abdominales clásicos ni ejercicios difíciles. Para muchas personas mayores puede ser suficiente practicar movimientos sencillos de estabilización, siempre adaptados a su nivel. El objetivo no es conseguir un vientre fuerte por estética, sino mejorar el control corporal, la coordinación y la capacidad de mantener el centro de gravedad cuando caminamos, giramos o cambiamos de dirección.

El equilibrio empieza también en el tronco

Una opción sencilla consiste en sentarse en una silla estable, apoyar bien los pies y mantener la espalda erguida. Desde ahí, se puede levantar lentamente un pie unos centímetros del suelo sin inclinar demasiado el cuerpo. Después se cambia de lado. El ejercicio obliga al abdomen y a la musculatura profunda del tronco a trabajar para evitar que el cuerpo se desplace.

Jubilado. EP

Otra variante consiste en ponerse de pie junto a una mesa o una encimera y mover un brazo hacia delante o hacia un lado mientras se intenta mantener el torso estable. Son gestos pequeños, pero enseñan al cuerpo a controlar movimientos que alteran ligeramente el equilibrio.

Reaccionar ante un tropiezo requiere mucho más que fuerza

Las piernas siguen siendo fundamentales, pero una persona puede tener fuerza suficiente y aun así caerse si no controla bien el tronco. Cuando tropezamos, el cuerpo necesita corregir rápidamente la posición de hombros, cadera y pelvis para volver a colocar el peso sobre los pies. Por eso, combinar ejercicios de piernas con trabajo de equilibrio y estabilidad suele ser más útil que centrarse únicamente en caminar. También pueden ayudar actividades supervisadas como tai-chi o ejercicios específicos de fisioterapia.

La seguridad debe ser siempre prioritaria. Conviene practicar cerca de un apoyo firme y evitar movimientos que provoquen mareo o inseguridad. Si existe un historial de caídas, problemas neurológicos o un equilibrio muy reducido, es recomendable consultar con un fisioterapeuta. Prevenir caídas no consiste solo en tener piernas fuertes. También significa enseñar al cuerpo a reaccionar y estabilizarse. Y ahí el tronco puede ser una de las piezas más importantes y menos entrenadas.