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José Elías ha vuelto a poner sobre la mesa uno de los problemas que muchos autónomos y pequeños empresarios conocen demasiado bien: la dificultad real de jubilarse cuando se tiene una empresa activa. El empresario lo resume con una frase muy dura: “Si eres autónomo, jubilarse está prohibido en este país”. Su reflexión apunta especialmente a quienes llegan a los 65 o 70 años con una sociedad limitada, trabajadores a cargo y sin una salida clara.

Y es que, según denuncia Elías, el problema no es solo cobrar una pensión o dejar de trabajar. El verdadero bloqueo aparece cuando el empresario quiere cerrar su etapa laboral, pero la empresa sigue existiendo. Si tiene una SL y nadie quiere quedarse con ella, la jubilación se convierte en una trampa, no puede abandonarla sin más, no siempre puede venderla y muchas veces tampoco encuentra relevo.

El problema de no tener relevo

La realidad es que muchos pequeños empresarios han dedicado toda su vida a levantar un negocio que depende demasiado de ellos. Cuando llega el momento de retirarse, descubren que sus hijos no lo quieren, los trabajadores no están interesados o no tienen capacidad para asumirlo y los compradores externos tampoco aparecen.

De este modo, la empresa pasa de ser un patrimonio a convertirse en una carga. Hay obligaciones, empleados, impuestos, proveedores, clientes y responsabilidades que no desaparecen porque el dueño cumpla la edad de jubilación. Elías sostiene que esa situación deja a muchos autónomos atrapados. O regalan la empresa, o la malvenden, o siguen al frente aunque ya no quieran ni puedan hacerlo con la misma energía.

Jubilarse no siempre es cerrar la persiana

El caso refleja un problema más amplio: España tiene muchas pequeñas empresas sin plan de sucesión. Negocios familiares, talleres, comercios, restaurantes o sociedades de servicios que funcionan mientras el fundador está presente, pero que no tienen continuidad cuando esa persona quiere retirarse. El resultado es una jubilación mucho más difícil que la de un trabajador asalariado. Para muchos autónomos, dejar de trabajar no es solo presentar papeles, sino resolver qué pasa con la empresa.

Así pues, la frase de José Elías resume una realidad incómoda. Muchos empresarios llegan a la edad de retiro sin una salida ordenada. Tienen una sociedad, trabajadores y responsabilidades, pero no tienen relevo. Y por eso, para algunos autónomos, jubilarse no parece un derecho, sino un lujo que el sistema no siempre facilita.