La mentira forma parte de la vida cotidiana, mucho más de lo que solemos reconocer. Desde pequeñas exageraciones sociales hasta engaños más elaborados, los psicólogos coinciden en que la mayoría de las personas miente en algún momento para evitar conflictos, proteger su imagen o conseguir un beneficio. En este contexto, el psicólogo José Astorga advierte sobre una expresión que, según explica, debería encender las alarmas: cuando alguien comienza una historia con un “no me vas a creer”, conviene escuchar con cautela y analizar el mensaje con espíritu crítico.
Astorga sostiene que esta frase no implica necesariamente que la persona esté mintiendo, pero sí que suele funcionar como un mecanismo de anticipación. Es decir, quien la utiliza intenta preparar al interlocutor para que acepte una versión difícil de justificar o para reducir la resistencia ante lo que viene después. Desde la psicología de la comunicación, este tipo de introducciones pueden revelar inseguridad o una necesidad de reforzar la credibilidad antes de haber explicado los hechos.
Las frases más habituales en una mentira
Los especialistas en conducta señalan que las mentiras rara vez se detectan por un único indicador. Sin embargo, existen patrones lingüísticos que aparecen con frecuencia. Expresiones como “te lo juro”, “créeme”, “no tengo por qué mentirte” o “no me vas a creer” suelen aparecer cuando la persona siente que su relato puede generar dudas. En lugar de aportar datos, intenta reforzar la confianza a través del lenguaje emocional.
Según explica Astorga, este tipo de frases funcionan como una estrategia inconsciente para dirigir la reacción del oyente. Al advertir previamente que algo será difícil de creer, el hablante condiciona la respuesta del receptor y reduce la posibilidad de que este cuestione la historia desde el inicio. La psicología social señala que el cerebro humano tiende a aceptar más fácilmente la información cuando se presenta con una explicación previa que justifica su rareza.
@joseastorgaoficial NUNCA CONFÍES cuando alguien empieza con “no me vas a creer…” 🚨 Eso no es humildad ni sinceridad 😶🌫️ es manipulación, persuasión encubierta e influencia psicológica. Esta frase funciona como inoculación mental, precondicionamiento y bloqueo del pensamiento crítico 🧠💭 Te preparan emocionalmente, reducen tu escepticismo y bajan tus defensas cognitivas antes de soltar el mensaje. Así la idea, el engaño o la mentira entra sin resistencia ⚠️ Este mecanismo fue explicado por William J. McGuire en 1961 a través de la Teoría de la Inoculación, una base clave de la psicología social y la comunicación persuasiva 📚🔍 Quien se adelanta a tu duda no busca ser honesto: busca que no cuestiones. #psicologiaoscura #manipulacionpsicologica #lenguajenoverbal #comunicacionnoverbal #influencia
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La mentira en la vida cotidiana
Diversos estudios psicológicos apuntan a que las mentiras cotidianas suelen ser pequeñas y socialmente aceptadas. Muchas se producen para evitar herir sentimientos o para mantener una buena imagen personal. Sin embargo, el problema surge cuando la mentira se convierte en un hábito o en una herramienta de manipulación.
Astorga insiste en que desconfiar no significa acusar ni confrontar de inmediato, sino adoptar una actitud reflexiva. Escuchar, pedir aclaraciones y fijarse en la coherencia del relato suele ser más eficaz que intentar descubrir la mentira a través de gestos o nerviosismo. La clave, según el psicólogo, está en analizar el contenido y no solo la forma.

En un entorno donde la información circula rápidamente y la credibilidad se pone constantemente a prueba, aprender a detectar señales de alerta en el lenguaje puede convertirse en una herramienta útil para protegerse de engaños y mejorar la calidad de nuestras relaciones personales.