La historia de Jordi Roca está marcada por la precocidad y el esfuerzo. Hoy es reconocido como uno de los mejores pasteleros del mundo, pero su camino comenzó mucho antes de lo habitual. Cuando muchos jóvenes apenas empezaban a decidir su futuro, él ya asumía responsabilidades en una de las cocinas más prestigiosas del país para acabarse convirtiendo en una eminencia mundial.
Su trayectoria está ligada a El Celler de Can Roca, el restaurante familiar que dirige junto a sus hermanos. Allí vivió uno de los momentos clave de su carrera cuando apenas tenía veinte años.
Un ascenso inesperado con solo veinte años
Jordi Roca explica que su llegada al puesto de jefe de pastelería se produjo de forma casi inesperada. Había comenzado a trabajar con un jefe llamado Damian, de quien estaba aprendiendo el oficio. Sin embargo, un accidente cambió completamente la situación. Damian cayó desde un segundo piso y sufrió fracturas en ambas piernas, lo que lo obligó a estar más de un año de baja.
Ante esa circunstancia, Roca tuvo que asumir el liderazgo de la partida dulce del restaurante con apenas diecinueve o veinte años. “Si tenía alguna duda le llamaba por teléfono”, recuerda sobre aquellos primeros meses. Además de la práctica diaria en la cocina, el joven pastelero se formó de manera autodidacta, estudiando libros de grandes maestros de la pastelería francesa. Ese aprendizaje acelerado le permitió dar un salto enorme en muy poco tiempo.
Una juventud muy distinta a la de sus amigos
Mirando atrás, Jordi Roca reconoce que su juventud fue muy diferente a la de la mayoría de chicos de su edad en Girona. Mientras muchos de sus amigos salían de fiesta o disfrutaban de su tiempo libre, él pasaba las noches trabajando en la cocina del restaurante. “Cuando todos mis amigos estaban de fiesta por ahí, yo tenía que recoger la cocina”, explica.
Aquella etapa fue dura, pero también decisiva para su carrera. Asumir tanta responsabilidad tan joven le obligó a aprender rápido y a desarrollar un carácter profesional muy fuerte. Con el paso de los años, ese esfuerzo acabaría dando sus frutos. Jordi Roca no solo consolidó su posición en El Celler de Can Roca, sino que se convirtió en una de las figuras más influyentes de la pastelería contemporánea. Así pues, su carrera comenzó de tal forma que mientras otros jóvenes estaban en la discoteca y él terminaba de limpiar la cocina.
